Dios también enterró a Su Hijo

Encontré un recordatorio de lo que costaría servir al Señor cuando visité las tumbas misioneras en Nigeria.

Pequeñas tumbas

La mayoría de las tumbas de este cementerio son pequeñas. Montículos de uno o dos metros predominan en lugar del estándar de tres metros. Cerca de 40 tumbas contienen los cuerpos de los niños pequeños. Los padres misioneros, los trajeron a un ambiente hostil donde la enfermedad y las dificultades tuvieron un tremendo costo.

Como visitante del cementerio, solo especulaba las causas de sus muertes. Muchos murieron por las infames fiebres africanas.

El dolor de los padres

¿Qué les sucedió a los padres que dejaron tanto de sí mismos en el cementerio? Ian y June Hay ingresaron a ese cementerio en 1952 para enterrar a su hijo pequeño. Se pararon en ese mismo lugar tres años después para enterar al otro de los gemelos. Un tercer hijo murió después de leucemia. Ian, eventualmente, se convirtió en el director internacional de SIM. Hoy los Hays testifican de la fidelidad de Dios en medio del mayor dolor de la vida: “Dios está aún llamando a algunos padres a realizar un sacrificio final”.

Tratando de entender

El cementerio en Miango nos enseña acerca de Dios y acerca de Su gracia. Testifica que Dios no es un abuelo amoroso que satisface todos nuestros deseos. Y nos muestra que la gracia de Dios, aunque es gratuita, ciertamente no es barata.

La única forma de entender el por qué de las tumbas en Miango es recordando que Dios también enterró a Su Hijo en el campo misionero.

Escrito por, Dr. Charles White, profesor de la Universidad Spring Arbor

Un cementerio.
Aniversario de SIM