Un asiento vacio en la mesa

El hijo de María salió de casa para servir en un país asiático el mes pasado. Ella lo entiende y está contenta de ver cómo él está sirviendo a Dios, pero eso no hace más fácil su día a día.

Ha sido difícil hacerse a la idea de que, el bebé al que dio a luz y cuidó con tanto amor, no está más en casa.

Su puesto en la mesa está vacío, y cada vez que María se sienta a comer, no puede evitar recordarlo y derramar una lágrima.

Así como María, son muchísimas las familias que atraviesan ese proceso. Enviar un familiar muy querido y cercano al campo es, innegablemente, un proceso de duelo. Los familiares experimentan una pérdida y deben aprender a lidiar con ella y, poco a poco, superarla.

En muchos sentidos es muy similar al duelo de cuando uno muere. No están en tu vida, hay un espacio vacío, y la familia necesita aprender cómo vivir con esto, comenta Jessie Ritchey, consultora de cuidado integral.

Puede parecer exagerado comparar la salida al campo con el duelo de cuando uno muere, pero lo cierto es que los sentimientos son muy similares: alguien que amas ya no está contigo a diario y no puedes verlo.

Como todo proceso de duelo, cada persona lo maneja de manera diferente, pero es muy común que la familia quede atascada en la pérdida por un tiempo.

Sienten que, si regresan a una vida normal, es como si no estuvieran honrando a la persona, entonces sienten que necesitan frenar todo y quedar casi congelados en el proceso de duelo, agrega Jessie.

No todas las personas experimentan lo que los familiares de los misioneros que salen al campo viven. Es una situación que no debe ser subestimada, pues puede llegar a ser un proceso muy doloroso para ellos.

En muchos sentidos es muy similar al duelo de cuando uno muere. No están en tu vida, hay un espacio vacío...

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Cuidando de los que se quedan
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