Los HTC como puente de amistad

“Mis 3 hijos nacieron en Mongolia, pero Corea ya era un hogar muy querido para ellos, así que estuvieron muy contentos en todos estos años de mudarnos de aquí y para allá. Muchas veces, mis hijos fueron más activos y se relacionaban mejor con la gente local y la cultura. Como padres, aprendimos más bien de ellos sobre la adaptación transcultural”, dijo Soon Im, misionera con WEC Latino. 

 

Los HTC forman su propia amistad con los locales en el campo y con frecuencia, mantienen esas amistades a largo plazo a pesar de las distancias geográficas, como cuando la familia misionera regresa del campo. Sin embargo, en el proceso de adaptación, los HTC son un puente de bendición entre sus padres y los de sus amigos. Ayudan a unir los dos mundos mediante su sincera y despreocupada niñez. 

 

“Mis hijos traían a sus propios amigos a la escuela dominical. Muchos de ellos no sabían sobre el Evangelio, ya que solo venían a la iglesia a pasar el rato con mis hijos. Pero poco a poco escucharon las historias bíblicas, participaron de juegos y otras actividades, y ahora muchos de esos niños son jóvenes activos en sus propias iglesias”, 

dijo una madre de HTC.

 

La familia misionera tiene la bendición de recibir la apertura de las familias locales debido a la presencia de sus hijos. A menudo, los locales son generosos y se preocupan por los hijos. Esos contactos abren grandes puertas para el futuro ministerio. Incluso algunas familias permanecen como queridos amigos de la familia, aunque no abrazan la fe cristiana.

 

“Recientemente regresamos de servir 3 años en España. Estuvimos sirviendo en un colegio, con deportes, ayudando a los extranjeros, repartiendo Biblias y realizando actividades internacionales, como Operación Niño de la Navidad. Nuestros hijos, formaron parte del ministerio y fue a través de ellos que conocimos a muchos en el pueblo en el que estuvimos sirviendo”; dijo Jomaris Rodriguez, misionera puerto riqueña. 



“Cuando llegamos a Ecuador, nuestros hijos nos dieron la oportunidad de aprender el idioma. Cada vez que salíamos de la casa con ellos, era una oportunidad de hablar con los de nuestra comunidad. Mientras nuestros hijos disfrutaban de sus nuevos amigos, nosotros teníamos la oportunidad de hablar y aprender español a través de la interacción con otros”, dijo Richelle Webb, coordinadora de personal con SIM Latinoamérica.

Hijos de la Tercera Cultura