Sin discipulado no hay misión
El más grande problema en la Iglesia no es el pecado, ni la falta de visión misionera. El más grande problema en la Iglesia es la falta de discipulado.
Si un cristiano es bien discipulado, él sabrá clamar a Dios por ayuda frente al pecado o la tentación. Mientras mejor conozca a Su Salvador, conocerá el corazón apasionado por las almas de Su Señor.
El discipulado es la base de nuestras vidas en Cristo. Sólo así los hijos de Dios podrán crecer, servir, dar y conocerlo cada vez más y más para que lleguen hasta lo último de la tierra.
Discipulado significa enseñar a los nuevos creyentes cómo crecer en el Señor, pero la idea no es solo un estudio sino un acompañamiento como de un padre al hijo.
Es un proceso que dura toda la vida, comienza, continúa y no tiene fin. No dice: ¡ya llegué! Dura toda la vida y nadie puede decir ya me gradué.
Es un modo de vida. Un modo de pensar distinto. Es la mente de Cristo en contraposición con la mente del mundo secular sin Dios.
Es la calidad de la relación. Jesús y yo, con nosotros mismos y la relación con otros seres humanos.
Es la profundidad de la entrega y el compromiso bien pensado. Es profundo, no superficial. Afecta todo nuestro ser y distingue quién es discípulo de aquel que no lo es.
Adultos mayores en las misiones
La experiencia vivencial de los adultos mayores aplicada contextualmente al momento actual, puede ser una enorme contribución al quehacer misionero de la iglesia contemporánea.
En el equipo de misiones de la iglesia local en la cual ministro, dos son adultos mayores (con 63 y 67 años de edad).
Al involucrar a adultos mayores en la praxis misionera de la iglesia, adquiere una dimensión y beneficio recíproco. Primero, la praxis misionera de la iglesia local se beneficia sobremanera al contar con la participación activa y significativa de este grupo de discípulos.
Muchos adultos mayores al no tener mayores responsabilidades para con los hijos, negocio, trabajo, entre otros, se predisponen con entusiasmo a las responsabilidades asignadas. Segundo, los adultos mayores de las iglesias locales al tener participación activa en el ministerio, concretamente en la obra misionera, se saben y sienten motivados, desafiados y sobretodos útiles, aún con sus limitaciones de carácter físico.
Por tanto, las personas de la tercera edad pueden aportar notoriamente en la empresa misionera. Por ejemplo, participando en la organización y planificación de eventos como conferencias y cultos misioneros, contribuciones financieras, oración y otras disciplinas espirituales, experiencias de corto plazo, decorado de ambientes, manualidades, entre otros; todo respecto a la obra misionera.
Por Pastor Johnny Marca en Bolivia