Aprendiendo lecciones valiosas en las transiciones

Con solo una semana de estar en el campo, mi esposo y yo nos encontrábamos tomando té con dos damas musulmanas de nuestro vecindario. Las abuelas sonrieron y se rieron con nosotros, felices de recibir visitas por la tarde. Mientras tomábamos té caliente y comíamos bocadillos que nunca antes había visto, me maravillé del acceso que obtuvimos en cuestión de días.

Mi esposo no podía tomar té y conversar con estas mujeres sin levantar las cejas de asombro. Y como soy introvertida, es probable que me llevara más de una semana acostumbrarme a tener visitas inesperadas con vecinos que no conozco. Sin embargo, allí estábamos, hablando con ellas como amigos, obteniendo información valiosa sobre nuestro nuevo vecindario y abriendo posibilidades para nuestras primeras relaciones profundas.

Dios llama a todo tipo de personas al campo misionero: estudiantes, jubilados, solteros, matrimonios, familias, etc. Cada uno trae algo único a los lugares donde Dios nos envía. En esta etapa de la vida, mi esposo y yo llevamos casados poco más de dos años y todavía no tenemos hijos.

Ha sido gratificante y desafiante navegar la transición de la soltería al matrimonio, al mismo tiempo que te ajustas a los cambios que trae el mudarse al otro lado del mundo. Aunque somos relativamente nuevos en el matrimonio y a nuestro lugar de servicio actual, hemos aprendido algunas lecciones valiosas en estas transiciones.

Julián y Brenda, misioneros sirviendo en el Medio Oriente

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