
Casándose a tráves de las culturas
El matrimonio de cualquier tipo tiene dificultades, pero el matrimonio intercultural tiene su propio conjunto de desafíos inesperados.

Existen 4 cualidades que caracterizan a un matrimonio misionero. Aquila y Priscila, a quienes conocimos por primera vez en Hechos 18, encarnan estas cualidades:
Un matrimonio misionero es hospitalario: Tan pronto como Aquila y Priscila llegaron a su nueva ciudad, le abrieron su hogar a Pablo. ¿Cómo definirías la hospitalidad que tienen Aquila y Priscilla? Según esta definición, ¿son un matrimonio hospitalario?
Un matrimonio misionero es intencional: Aquila y Priscilla aprovecharon su hogar y su negocio para ayudar a Pablo y contarles a otros acerca de Jesús. ¿Qué tienen en sus vidas que podrían aprovechar por la misma causa?
Un matrimonio misionero busca ser parte de la solución: En Hechos 18:24-26, Aquila y Priscila tomaron la iniciativa de corregir y guiar a Apolos, un maestro talentoso pero equivocado. ¿Hay necesidades en tu iglesia o comunidad en las que se encuentran pensando? ¿De qué formas podrían servir ante este desafío?
Un matrimonio misionero es fiel hasta el fin: En 2 Timoteo 4:19, Pablo menciona a Aquila y Priscila por última vez en las Escrituras. Además, animó a Timoteo a saludar a esta pareja fiel y trabajadora. ¿Cómo planean cultivar un ministerio activo y comprometido a lo largo de sus vida?
Las parejas misioneras experimentan una alegría indescriptible y tienen un impacto que dura toda la eternidad. Pídanle a Dios que los ayude a estar juntos en la misión, oren para poner en práctica lo aprendido, sometan sus vidas y relaciones a Su voluntad, pidiéndole que los enseñe y los bendiga a través de ellas.
Ignacio y Marta León, misioneros dominicanos sirviendo en Sudáfrica
Con solo una semana de estar en el campo, mi esposo y yo nos encontrábamos tomando té con dos damas musulmanas de nuestro vecindario. Las abuelas sonrieron y se rieron con nosotros, felices de recibir visitas por la tarde. Mientras tomábamos té caliente y comíamos bocadillos que nunca antes había visto, me maravillé del acceso que obtuvimos en cuestión de días.
Mi esposo no podía tomar té y conversar con estas mujeres sin levantar las cejas de asombro. Y como soy introvertida, es probable que me llevara más de una semana acostumbrarme a tener visitas inesperadas con vecinos que no conozco. Sin embargo, allí estábamos, hablando con ellas como amigos, obteniendo información valiosa sobre nuestro nuevo vecindario y abriendo posibilidades para nuestras primeras relaciones profundas.
Dios llama a todo tipo de personas al campo misionero: estudiantes, jubilados, solteros, matrimonios, familias, etc. Cada uno trae algo único a los lugares donde Dios nos envía. En esta etapa de la vida, mi esposo y yo llevamos casados poco más de dos años y todavía no tenemos hijos.
Ha sido gratificante y desafiante navegar la transición de la soltería al matrimonio, al mismo tiempo que te ajustas a los cambios que trae el mudarse al otro lado del mundo. Aunque somos relativamente nuevos en el matrimonio y a nuestro lugar de servicio actual, hemos aprendido algunas lecciones valiosas en estas transiciones.
Julián y Brenda, misioneros sirviendo en el Medio Oriente

El matrimonio de cualquier tipo tiene dificultades, pero el matrimonio intercultural tiene su propio conjunto de desafíos inesperados.

El matrimonio en sí mismo es una experiencia intercultural. No querrás complicarlo al lidiar con el choque cultural y el estrés del idioma al principio.

Me siento atraída por él y no hablo de mi esposo