12 puntos a tomar en cuenta para ministrar comunidades

1.     Debemos conocer la comunidad. Quiénes son y cuáles son sus necesidades.

2.     Debemos conocer su cosmovisión. (Valores, creencias, cultura, idioma).

3.     En el desarrollo comunitario, aunque queremos hacer cambios en la comunidad, debemos esperar hasta que de ellos nazca el deseo de cambiar y mejorar, eso como resultado de nuestras oraciones y del ejemplo que se les ha dado en nuestra forma de vivir y de comportarnos entre ellos. Y en especial de lo que han aprendido de la comunión con Dios.

4.     Cuando ellos quieren hacer cambios, podemos participar pero son ellos quienes toman las decisiones. 

5.     Debemos recordar siempre que las personas son importantes. Debemos ser pacientes como Dios ha sido y es paciente con nosotros, no todos cambian al mismo tiempo. 

6.     No somos llamados a Juzgar, ni a lastimar con nuestras palabras o acciones. Muchas de las personas que vamos a ministrar ya vienen con heridas que han sido causadas por familiares, amigos, comunidad y otros. Y no necesitan ser heridas por las personas que han ido para guiarles al Señor.

7.     No debemos causar temor en las personas, sino causar en ellos que nos amen, respeten y nos imiten porque imitamos a Cristo. Recordemos que la ley de la religiosidad fue cambiada por la Gracia. Cristo nos dijo que lo que hemos aprendido de Él hagamos y enseñemos a los demás y también Pablo dijo que esto que hemos aprendido debemos enseñarles a otros. 

8.     Cuando entremos a una comunidad o a un hogar debemos recordar cómo decía Jesus, El Reino de Dios se ha acercado, la paz de Dios ha llegado a este lugar. Somos enviados para ser bendecir. Para decirles que ya no son esclavos y que desde ahora seran llamado hijos de Dios. Vamos a modelarles a Cristo, a sanar sus heridas con el cariño y la bondad, mostrándoles misericordia, honestidad, integridad, cordialidad, respeto, enseñándoles sobre el agradecimiento y a confiar en otros. Debemos demostrarles con nuestras vidas el carácter de Cristo, el fruto del Espíritu Santo y el Amor del Padre.

9.     Dios nos usa pero el que hace los cambios es el Espíritu Santo. Jesús nos enseñó que no es en nuestras fuerzas sino en las del Señor.

10.   Debemos trabajar en equipo. Cuando trabajamos unidos como un equipo, trabajamos con un plan, objetivos y metas para darle la Gloria a Dios.

11.   Debemos recordar que cada persona es diferente, con diferentes dones, diferentes maneras de hacer las cosas. Pero todos son valiosos antes los ojos de Dios.

12. Hay que confiar y  empoderar, el que está liderando no debe hacerlo todo, o pedir que otros hagan todo, sino hacerlo juntos y siempre siendo agradables y agradecidos.

 Dios nos bendiga y nos permita ser de bendición.

Por Julieta Murillo, directora SIM Latinoamérica