¿Estamos limitando a otros en su compromiso en las misiones?

Foto de Werner Pfennig: https://www.pexels.com/es-es/foto/gente-microfono-diversidad-sala-de-conferencias-6950184/

Debemos tener cuidado con los malentendidos cuando movilizamos a otros. Aunque tengamos buenas intenciones, lo que decimos y lo que pensamos no es lo mismo que van a entender los oyentes.

Por ejemplo, podríamos decir “misiones” y significa “aquellas acciones o actividades que expresan la misión de Dios de ser y hacer discípulos”. Sin embargo, el oyente sentado en el banco de la iglesia escucha la palabra “misiones” e inmediatamente lo define como “algo que los jóvenes de la iglesia hacen viajando una semana al año”.

Necesitamos movilizar y comprometer a TODOS los creyentes a la tarea misionera. No obstante, muy frecuentemente limitamos involuntariamente el compromiso en la misión por causa de nuestra enseñanza. Los miembros de la iglesia, entonces, sólo se verán a ellos mismos en una pequeña parte de la Gran Comisión.

Podríamos limitar involuntariamente la misión de Dios como algo:

  • Exclusivamente hacia las zonas no alcanzadas del mundo
  • Exclusivamente para la obra local
  • Solo para los jóvenes
  • Solo para ayudar a los pobres
  • Que puede realizarse en un par de semanas por año
  • Que ofrendamos y oramos para enviar a otros a hacer

Algunos grandes pastores y misioneros han enseñado que “Si tú no estás llamado a ir, tú estás llamado a ofrendar y orar por los enviados”, pero esta no es una verdad absoluta. Si, estamos llamados a dar y orar, pero también estamos llamados a ir – no solo a las zonas no alcanzadas del mundo – sino llamados a salir de nuestras zonas de confort y vivir nuestra fe fuera de las cuatro paredes de la iglesia.

IR es llegar a tu trabajo y ser testigo de Cristo. IR es ser luz intencional en nuestra comunidad donde vivimos.

Dios a “enviado” a cada hijo “Suyo” para que lo representen a “Él”, y tenemos que ayudar a movilizarlos para que reconozcan que donde estén pueden ser sal y luz.

Todos los cristianos son llamados. Pero, esto no significa que todos viajarán con destino a Asia. Este llamado va a ser distinto para cada persona, y esto es porque necesitamos personalizar nuestra movilización como personalizamos el discipulado. Necesitamos caminar con ellos para ayudarlos a descubrir todas las maneras que ellos pueden servir a Dios en la Gran Comisión, tanto donde viven la vida cada día y como ellos también pueden ser parte de la obra a nivel mundial.

Por Chris Conti, Coordinadora de movilización y comunicación del SIM Latinoamérica

Me tomó ocho años entender y aceptar la soberanía de Dios

Didi es una misionera colombiana que estaba sirviendo en la India hasta que recibió la noticia del grave estado de su madre y tuvo que regresar a su patria tan pronto como pudo. Cuando salió de la India pensó volver al mes siguiente, sin embargo, esto no fue posible porque su madre permaneció hospitalizada durante 2 años. “No es la manera que ningún misionero espera salir jamás, yo me veía envejeciendo y muriendo allá”, dijo Didi. 


Aunque agradece a Dios porque pudo acompañar a su madre y solventar las necesidades familiares que se presentaron, le tomó ocho años entender y aceptar la soberanía de Dios en cuanto a su llamado misionero. “Toda mi vida le dije a Dios: ‘Heme aquí, envíame a mí.’ Él me envió y se acabó”, pensé. 

 

Durante un encuentro de oración en el 2022, Didi halló paz de un nuevo nivel. “Comprendí que no había perdonado a Dios por la forma que me sacó del campo, que necesitaba sanidad y que Él todavía tenía un llamado para mi vida”, Didi dijo. Cuenta que su iglesia local cuidó de ella y su madre; fue recibida con las puertas abiertas. No obstante, la denominación a nivel nacional hubiera podido hacer más para comprender la difícil situación familiar por la que ella estaba atravesando. “Hubiesen sido formas de ayudarme: mantener el sostenimiento económico, acompañarme pastoralmente, reconocer mi llamado para trabajar dentro de la denominación”, expresó. Quizás en el proceso de selección debieron haber tomado en cuenta que no era saludable que ella diera por sentado que iba a morir sirviendo en la India, sino considerar que las cosas podían cambiar. 


Ella también reconoce que, de su propio lado, esto hubiera podido hacer la transición mejor. “Algo que hubiera podido hacer las cosas diferentes también, fue hablar. Yo era de las que callaban y no confrontaban a las personas. Debí buscar ayuda”, Didi dijo. 


Actualmente ella dice que su llamado es discipular y formar a aquellos que irán a la India. Está orando por ese proyecto, preparándose más y esperando el tiempo de Dios. “Me siento realmente feliz y con mucha más paz, siento que la marea ya bajó”, dijo.

Sonia Guevara, colaboradora del equipo VAMOS

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