Tu influencia: ¿Eres sal insípida?

Somos nosotros los cristianos quienes debemos estar advertidos para no ser presa fácil ante las conductas del pecado y también debemos reconocer y poder discernir entre lo sagrado y lo profano.

Influir es la posibilidad que tiene una persona o un grupo de alterar o condicionar el comportamiento ajeno. Influir es producir sobre otra persona, de manera indirecta o directa, cierto efecto que la hace que haya un cambio de comportamiento.

Los cristianos somos la luz del mundo, la sal de la tierra (Mt 5:13-16) no podemos hacernos insípidos, no podemos dejarnos pisotear por la distorsión de la desinformación. Es necesario iluminar lo que está en tinieblas, alumbrar con el Evangelio e influir en el cumplimiento de nuestro mandato (Mt 28:19-20).

Aún cuando el avance de la tecnología nos lleva muchas veces dos o tres pasos por delante, no nos adaptemos a este mundo. Somos llamados a renovarnos y transformar nuestra mente y la de otros (Rom 12:2) de acuerdo con la voluntad de Dios. Estemos atentos entre tantos mensajes de redes sociales donde toda apariencia es de presunta piedad y de elocuencia expositiva, pero que esconde en invisibles sutilezas las raíces del error.

Estemos atentos acerca de la levadura que leuda la masa, levadura de malicia y maldad o la pureza de la justicia y la verdad. (1Co 5:6-8). Habiendo pues meditado en esto podemos acercarnos al uso beneficioso de las redes sociales para aprovechar la tecnología con fines de influenciar a aquellos que serán añadidos o acercados de tinieblas a la luz admirable de Cristo.

No sólo podemos influenciar a través de los medios digitales también es posible de forma directa en nuestros entornos a través del encuentro, a través del deporte, el arte, emprendimientos que generan productos que inspiran a otros y llevan un mensaje a veces invisible pero muy fuerte.

Influir en nuestras congregaciones, mostrando la necesidad, toda realidad embarga una necesidad que atender, la cual, al ser atendida, es susceptible de ser transformada. Comencemos a ser conscientes de estas necesidades, grupos no alcanzados, lugares donde la huella de Cristo aún no se conoce, influenciemos con nuestro mover.

Hudson Taylor dijo que primero es imposible, luego es difícil y de pronto se hace. Una actitud constante y una disposición permanente para modelar e influenciar es importante para el cambio urgente que nuestras iglesias necesitan.

Mario Linares, movilizador de SIM en Venezuela

 
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