Evolución del concepto de autocuidado

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En la comunidad cristiana, el tema de autocuidado en la vida del misionero llegó a ser visto como una actitud “egoísta” o como una señal de “falta de fe”. Históricamente las primeras familias misioneras dejaron su país con la absoluta confianza que el Dios de la misión las cuidaría en todo y que nada les faltaría, Dios era percibido como el único que cuidaba del misionero.Posteriormente, en la época moderna, las agencias misioneras asumieron una lectura interdisciplinaria sobre la vida misionera y del ejercicio del cuidado del misionero en forma integral. Al final se concluyó que muchos casos de retorno prematuro podrían haberse evitado si se hubiese dado un cuidado del misionero en forma más proactiva y por “todos” quienes participan en esta empresa Divina y humana.En la actualidad, como bien lo han indicado diversos misioneros con especialidad en salud mental, como es el caso de Kelly O’Donnell, el cuidado del misionero es responsabilidad no solo de Dios sino también; del mismo misionero, del equipo, de quien envía, de los especialistas cuando fuere necesario y de las redes que proveen estos servicios de cuidado. Esta evolución o madurez del concepto del cuidado del misionero que ahora es más interdisciplinario e integral no se limita solamente a descansar en el cuidado de Dios.En esta nueva época, quien sirve en misiones asume una actitud individual e interdependiente siendo más proactivo, preventivo y responsable al cuidar de su espiritualidad, su mente, su cuerpo y relaciones, sin que se sienta que será criticado como falto de fe, emocionalmente inmaduro o hasta egoísta.Dr. Carlos Pinto, psicólogo clínico y familiar, director asociado de Cuidado Integral, COMIBAM Internacional

¿Qué dice la Biblia del amor propio?

La promoción del amor propio es un intento de poner al hombre en el centro de todo, de que su propia felicidad y satisfacción se vuelvan la meta final de la existencia. Cualquier idea o principio que intente ponernos en el centro debe ser enérgicamente combatida porque nos aleja del propósito al cual hemos sido llamados como cristianos.

Es un peligroso llamado hacia el individualismo y el egoísmo que ya está arraigado en nuestros corazones.

Promover este tipo de amor es realizar un llamado a enfatizar la búsqueda de nuestro bienestar y conveniencia particular sin considerar a Dios o los demás. Esta búsqueda egoísta es el argumento que usó la serpiente en el jardín. Es una forma de individualismo que desde la caída tiene una fuerte tendencia a exacerbarse. Es un personalismo y búsqueda de lo propio que a lo largo de la historia solo ha conllevado a pecar contra Dios.

Entre los cristianos hay una utilización superficial y confusa de la terminología que usa la psicología en su descripción de los estados del corazón del hombre.

Como psicólogo y en la práctica de la consejería bíblica, he podido observar que incluso aquellas personas con los peores autoconceptos y las más bajas autoestimas (según los criterios de la psicología popular) siguen teniendo un profundo y poderoso amor propio.

Porque toda persona sigue deseando la felicidad, el éxito, el placer, la seguridad y los afectos y reconocimientos por sobre cualquier cosa y a pesar de todo y todos. Incluso a pesar de no creer que pueden alcanzarlos o siquiera merecerlos; si es que existe la más mínima oportunidad de acceder a ello u obtener un atajo para alcanzar estos anhelos, no dudan un segundo en saltar hacia la satisfacción de su amor propio.

Promover el amor propio, cuando esto es algo ya inherente en el ser humano, es un sin sentido. En especial porque, en su exceso, este se vuelve una actitud que se opone y obstaculiza el ejercicio del verdadero amor, el cual siempre es hacia otros.

Rolando Campos, psicólogo y director de Movida Perú

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