
De una familia ordinaria a una familia misionera
“¿Te bañaste?”, “¿usaste jabón?”, le preguntó Carmen a un niño huérfano mientras asentía la cabeza para decir que sí.

Necesitamos darle alto al fuego de la crítica y cuidar de las mujeres que están siendo aplastadas por expectativas poco realistas.
¿Y tú, mamá misionera, puedes dejar de sentirte culpable? No puedes hacerlo todo, pero eso no te hace débil; te hace humana.
El espejismo de la madre misionera perfecta es atractivo y peligroso. Si intentas seguirla, estarás desanimada, deprimida y exhausta. Por otro lado, si te sientes la madre misionera perfecta, serás arrogante, altanera y molesta.
La próxima vez que sientas la tentación de criticar a una madre, baja tu arma y di lo que está haciendo en vez de lo que no está haciendo.
Y tú, mamá misionera, antes de criticarte, identifica y di lo que estás haciendo en lugar de lo que no estás haciendo.
Edwin Villavicencio, peruano sirviendo junto a su familia en Honduras

“¿Te bañaste?”, “¿usaste jabón?”, le preguntó Carmen a un niño huérfano mientras asentía la cabeza para decir que sí.

Servir a Dios es una aventura constante, esto incluye momentos divertidos, muchas cosas nuevas, ocasiones donde ya no puedes más, pero Dios está en control de todo. “Lo mejor es que al hacerlo en familia todos experimentan el sabor de servir a Dios”, dijeron Jhonatan y Eveline Portugal, sirviendo con SIM Perú.

La misión nos ha regalado volver a ser una familia