No ha sido un sacrificio, si no un regalo

Foto de Alex P: https://www.pexels.com/es-es/foto/infancia-estilo-de-vida-al-aire-libre-familia-5276630/

Tenía 4 años cuando empecé a orar por Chad, África en una alfombra dedicada a la oración por la ventana 10/40. Mi mamá nos inculcó la intercesión por los lugares donde no ha llegado el Evangelio, desde muy niños. Esto marcó mi corazón: hacer a Cristo conocido en las tribus y pueblos lejanos.

Tuve el privilegio de crecer en una familia apasionada por expandir Su Reino sin importar el lugar, los recursos o la comodidad. Mis papás siempre decían “si no vamos con mis hijos, entonces ninguno va, porque ellos son parte del equipo”; así que estuvimos en muchos retiros, viajes, clases de misionología, hermenéutica, y ministerio de alabanza y de niños, como un gran equipo misionero.

A mis 6 años iniciamos la aventura de salir de Chile a Ecuador, caminando por fe, obedeciendo el llamado, con corazones rendidos, atravesando enfermedades y milagros, abundancia y escases, crisis y bendiciones que aumentaron mi fe. ¡El carácterde Cristo se formaba en nosotros! Abriendo obras en lugares vulnerables, peligrosos, no evangelizados y ver que: “donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia”.

Puedo describir a mis papás como ‘guerreros de fe’, revolucionarios y apasionados por Cristo, despojados completamente, valientes, sencillos de corazón; no hay perfección, hay un Dios perfecto que los usa por su misericordia y hoy con más años, Dios los está enviando a su tierra prometida: “la tribu Waorani” ¡Qué gran broche de oro!

Mis padres apasionaron mi corazón por las misiones desde mi niñez y el fruto es que hoy continúa su legado. Tengo 28 años y con mi esposo servimos a Dios en la selva de Ecuador con los niños de las tribus Shuar y Achuar, compartiendo de Su amor inagotable.

Llegar a ser hija de misioneros, no ha sido un sacrificio sino un regalo que Dios me ha dado.“¿Cómo oirán si no fueren enviados y como creerán si nadie les predica?”

Belén, hija de Patricio y Cecilia Ramos, pastores misioneros

El auto rojo misionero

Mis 3 hijos nacieron en Mongolia, pero Corea ya era un hogar muy querido para ellos,así que estuvieron muy contentos en todos estos años de mudarnos de aquí y para allá.

Muchas veces, mis hijos fueron más activos y se relacionaban mejor con la gente local y la cultura. Como padres, aprendimos más biende ellos sobre la adaptación transcultural”, dijo Soon Im, misionera con WEC Latino.

Los HTC forman su propia amistad con los locales en el campo y con frecuencia,mantienen esas amistades a largo plazo a pesar de las distancias geográficas, como cuando la familia misionera regresa del campo.

Sin embargo, en el proceso de adaptación, los HTC son un puente de bendición entre sus padres y los de sus amigos. Ayudan a unir los dos mundos mediante su sincera y despreocupada niñez. “Mis hijos traían a sus propios amigos a la escuela dominical. Muchos de ellos no sabían sobre el Evangelio,ya que solo venían a la iglesia a pasar el rato con mis hijos. Pero poco a poco escucharon las historias bíblicas, participaron de juegos y otras actividades, y ahora muchos de esos niños son jóvenes activos en sus propias iglesias”, dijo una madre de HTC.

La familia misionera tiene la bendición de recibir la apertura de las familias locales debido a la presencia de sus hijos. A menudo, los locales son generosos y se preocupan por los hijos. Esos contactos abren grandes puertas para el futuro ministerio. Incluso algunas familias permanecen como queridos amigos de la familia, aunque no abrazan la fe cristiana.“

Recientemente regresamos de servir 3 años en España. Estuvimos sirviendo en un colegio, son deportes, ayudando a los extranjeros, repartiendo Biblias y realizando actividades internacionales, como Operación Niño de la Navidad.

Nuestros hijos, formaron parte del ministerio y fue a través de ellos que conocimos a muchos en el pueblo en el que estuvimos sirviendo”; dijo Jomaris Rodriguez, misionera puertoriqueña.
“Cuando llegamos a Ecuador, nuestros hijos nos dieron la oportunidad de aprender el idioma.

Cada vez que salíamos de la casa con ellos, era una oportunidad de hablar con los de nuestra comunidad. Mientras nuestros hijos disfrutaban de sus nuevos amigos, nosotros teníamos la oportunidad de hablar y aprender español a través de la interacción con otros”, dijo Richelle Webb, coordinadora de personal con SIM Latinoamérica

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