
El movilizador es discipulador
El tiempo invertido, la paciencia y el discernimiento que viene de Dios son necesarios para movilizar a la gente al campo, pero no solo a los candidatos sino a toda la Iglesia.

Una de mis pasiones es discipular jovencitas que están en el proceso de encontrar el propósito de sus vidas y descubrir la voluntad de Dios para ellas.
Mientras servía en Cochabamba, Bolivia, las muchachas de mi grupo de estudio bíblico me hacían preguntas sobre mi llamado, mi vida como misionera, mi experiencia sirviendo en Angola con niños y muchas otras preguntas.
Durante estas largas charlas, podía percibir que Dios las estaba llamando y que estaban curiosas de conocer sobre lo que son las misiones transculturales y todas las implicaciones.
Con agrado aceptaron el desafío de estudiar juntas el Curso VAMOS, ya que en él no solo aprenderían sobre la vida misionera sino los principios bíblicos y la contribución de muchos otros misioneros.
Nunca imaginé el impacto que tendría en la vida de estas muchachas y que tres de ellas tendrían la oportunidad de experimentar lo aprendido en lugares distantes haciendo discípulas para Cristo.
Claudia, desde España, recuerda lo práctico de los consejos en la preparación del misionero. Estoy convencida que el Curso VAMOS es un excelente recurso para movilizar a la Iglesia a través de grupos de discipulados.
Myriam Trott, misionera de SIM en Argentina

El tiempo invertido, la paciencia y el discernimiento que viene de Dios son necesarios para movilizar a la gente al campo, pero no solo a los candidatos sino a toda la Iglesia.

Estamos aquí para equipar al pueblo de Dios para las obras que Él les ha encomendado (Efesios 4:11-12).

La base del discipulado es el acompañamiento personal junto con la Sagrada Escritura a ese discípulo, guardando así todo lo que nuestro Dios nos enseña, queda claro con esto que la importancia es volver y hacer volver cada vez a la fuente doctrinal.