
Un profesor de español comparte su fe en Asia
La forma en que un creyente puede compartir sobre Jesús en su centro laboral es diferente dependiendo de cada profesión.

Hace algunos años R. C. Sproul decía que “cualquier vocación que responde a las necesidades del mundo que Dios creó se puede considerar un llamado divino”, y no pudo estar más en lo cierto. Hoy en día, el coronavirus nos ha vuelto a plantear la misma pregunta entorno al trabajo de las misiones. ¿Cómo puede servir un profesional en misiones? La pregunta se torna más desafiante si el campo de acción son los lugares menos alcanzados.
Esta fue la misma pregunta que me hice cuando obtuve una beca para estudiar una maestría en gestión de proyectos sociales en Australia. “Dios, ¿cómo se vincula Australia con la carga misionera que has puesto en mi corazón por Asia?”, le pregunté. Su respuesta en ese momento fue “confía en mí y ten una mente misional”.
Fue precisamente el carácter de esta mentalidad, lo que me permitió entender que no es el oficio per-se lo que abría o cerraba una puerta para servir en Asia, sino la intencionalidad del corazón para saber que lo que tenemos (o queremos tener), puede ser usado por Dios de formas inimaginables.
Fue así como trabajé como consultor de proyectos en Asia, mientras el corazón se llenaba de convicción al ver a otras personas que le habían dicho “sí” a Dios sin saber el “para qué”.

La forma en que un creyente puede compartir sobre Jesús en su centro laboral es diferente dependiendo de cada profesión.

SIM espera colocar más profesionales en el campo misionero.

Las personas “a lo largo del camino” eran parte integral de la obra de Jesús.