
Esperar vale la pena
Se dice que el levantamiento de fondos es una de las partes más difíciles de las misiones, pero a la vez, es un proceso que deja grandes enseñanzas para una vid

Cuando decidí ser misionero, sabía que levantar fondos sería un trabajo duro. No es fácil hacer que la gente se separe de su billetera, para ofrendar. Pero no tenía idea de que levantar fondos fuera una experiencia tan dolorosa.
Un rechazo que no vino de familia o amigos, más bien de un comité de misiones que cuestionó mi amor por mi familia, aduciendo que como padre no debía de llevar a mis pequeños a un país tan peligroso. Dijeron que tenía una visión muy romántica de las misiones y que no tenía idea de lo que venía. Tal vez daba la impresión de ser inseguro.
Me alegró saber que mi iglesia me apoyaría, pero cuando supe que solo lo harían con un 3% de mi presupuesto, una cantidad tan pequeña, fue triste. Una iglesia grande donde estuve sirviendo por casi 20 años.
Mirando mi presupuesto y memorizando lo que faltaba. Un peso sobre mis hombros, una nube sobre mi cabeza que me agotaba. No sabía si llegaría a mi meta en el tiempo pactado. Tal vez debería de cambiar mi fecha de salida y así decepcionar a quienes me apoyaron y perder un pedazo de mi alma.
Mi corazón estaba a punto de explotar. No quería seguir llenando formularios o sentir que era ignorado, sentirme juzgado por aquellos que me decían cómo debía de hacerlo, críticos, sentado esperando una oportunidad.
Pero, Dios usa esta experiencia para moldearme.
Y sé que lo ha hecho, de rodillas en oración tantas veces. Siento que esto quiebra mi orgullo y necesito confiar en Dios como nunca lo he hecho.
Odio el proceso, pero sé que es necesario, quiero luchar contra Dios toda la noche y finalmente irme con la verdad, porque de otra manera no hubiese podido aprender.
Alex, misionero por salir al campo

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Una actitud que se disfraza a menudo es la de comparación financiera.

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