Un trabajo arduo en equipo por el Reino de los cielos
Cada cultura tiene su propia cosmovisión, tiene cualidades, pero también tiene debilidades. Cuando un misionero se ha desarrollado y trabajado con miembros de su propia cultura, su perspectiva está limitada a la cosmovisión en la cual ha crecido, esto genera grandes problemas al momento de enfrentarse a las culturas con cosmovisiones diferentes.
En el momento que se tiene la oportunidad de desarrollarse en equipos multiculturales se aprende a ver el evangelio desde diferentes perspectivas y aplicaciones. También se reconoce las fortalezas culturales de otros miembros del equipo, al tiempo que mis fortalezas ayudan al crecimiento de los demás, la visión del evangelio y del impacto a todas las naciones se vuelve más amplio y multicolor. Porque cada cultura tiene su personalidad y una herencia de la fe, que enriquece el enfoque de las demás.
En mi vida, he sido muy retada en mi fe cuando veo a mis líderes que son de otra cultura, pues ellos han crecido viendo milagros, y aunque las metas que nos proponemos a los ojos humanos puedan parecer imposibles, ellos oran y confían de una manera increíble. He aprendido a equilibrar el trabajo en abnegación con el cuidado personal, parte de la cultura que he identificado en mi contexto es que propendemos el cuidado emocional y el descanso, pero a veces caemos en el error de no hacer más de lo que nos corresponde o cuando no se encuentra una solución conformarnos a eso. Pero con mis colegas de otra cultura he aprendido el trabajo arduo por el Reino de los cielos, donde no hay conformismo y si no se halla lo que se busca se encuentra la manera de responder a esto.
Por lo tanto, ambas culturas aprendieron del otro a mantener un trabajo diligente y esforzado, sabiendo la urgencia que hay de predicar el Evangelio y a la vez la necesidad de mantener nuestra salud emocional y física. Por ejemplo, durante un periodo que estuve realizando una misión a corto plazo en un país caribeño de influencia inglesa fue difícil el trabajo allá, porque la cultura era totalmente diferente a la de los países latinos y las estrategias de evangelismo no funcionaban muy bien allí. Tuvimos la oportunidad de conocer un pastor nativo, que cuidó mucho a mi compañera y a mí, pero además nos ayudó a entender el trasfondo histórico de ellos y cómo esto influenciaba en la manera en que esta cultura podría recibir el evangelio.
Al escuchar su testimonio y su trabajo junto a su familia confrontó nuestra visión del servicio y amor incondicional hacia los no alcanzados.
Daniela Ortiz, misionera colombiana y maestra de Misiología
De campo misionero a fuerza misionera
Luis Bush dirigió el Primer Congreso Misionero de COMIBAM realizado en São Paulo, Brasil en 1987 y en aquella ocasión enfáticamente dijo: En 1916, América Latina fue declarada un campo de misión. Hoy (en 1987) América Latina se declara una fuerza misionera.
Durante los siguientes diez años, el movimiento se expandió. Y COMIBAM (la Cooperación Misionera Iberoamericana) se estableció para alentar y apoyar a las redes de misiones nacionales de cada país y ayudarlas a conectarse y colaborar.
COMIBAM no es una asociación. No representa a toda la misión iberoamericana. Más bien, existimos para servir y ofrecer un lugar para el diálogo y la colaboración entre los organismos nacionales de misión y otras entidades de misión en la región, dijo Decio de Carvalho, director ejecutivo de COMIBAM.
Hoy en día, COMIBAM comprende a los países de habla hispana y portuguesa de América. Es decir, los 23 países de la región, además de la Península Ibérica, y también a los EE.UU. y Canadá debido a la importante presencia latina.
Somos una mano que ofrece recursos, información y en muchas ocasiones oportunidades de servicio para aportar al avance del Evangelio a todo lugar. Conectamos a las agencias con los campos y con otras organizaciones con las que puedan desarrollar alianzas para completar la tarea, dijo Wendy Colón, líder de la Red de Mujeres de COMIBAM.
COMIBAM ha sido un factor importante en el desarrollo de movimientos nacionales y la movilización de los pastores y lideres de esos movimientos a través de su sencilla estrategia centrada en cuatro áreas: movilización, capacitación, envío y trabajo misionero de campo.
El futuro de COMIBAM está en continuar trabajando en colaboración los unos con los otros. Desarrollar estrategias para ser más útiles y servir mejor a la iglesia y movimiento misionero. Tener respuestas que ayuden al misionero a atender las situaciones actuales que enfrenta la Iglesia, e involucrar más jóvenes en las misiones, finalizó Wendy.