
Sus hijos los necesitan
Cuando se planea el tiempo de licencia (HA), los padres pueden ignorar o minimizar las necesidades de sus hijos ya que a menudo están ocupados con los detalles

Te enfrentarás a muchas situaciones difíciles. Algunas de estas son las más comunes: Frustración. Las cosas pueden ser diferentes y algunas muy frustrantes. Desilusión. Tú regresas muy emocionado sobre lo que estuviste haciendo pero todos en casa se ven apáticos. Como una persona dijo: “Ellos están en coma y ni siquiera lo saben”. Actuar como juez. Es muy fácil volverse crítico, condenador con otros frente al hecho de su aparente apatía.
Estas “trampas” pueden evadirse o al menos hacerse menos problemáticas en tu vida y en la de los otros. Aquí te damos algunas sugerencias: Llora tus pérdidas. Separa algunos minutos cada día (tal vez en tus devocionales) para completar tu llanto de lo que dejaste atrás. Sé honesto. No dejes que el orgullo (¿falsa espiritualidad?) te limite a compartir lo que enfrentas. Encuentra a alguien (otro misionero, un amigo cercano que siga siendo tu confidente, un consejero que entienda a los misioneros, etc.) que te mentoree en el proceso de regresar a casa. Agradece a tus apoyantes. Aun si no has tenido la oportunidad de hablar a esa gente durante algún servicio de culto en la iglesia, busca alguna manera de darle las gracias a la gente que te ayudó. Tal vez puedas invitarlos para una comida que aprendiste a preparar mientras estabas en otra cultura y compartir lo que Dios hizo a través de tu vida.

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Debes intentar de ver el regreso a través de los ojos de tu adolescente.

Muchos HTC desarrollan una idea errónea de obtener apoyo. A través de la observación pueden pensar que: ▪ Si gustamos a los simpatizantes, nos apoyarán.