
El envío responsable de obreros preparados
Es un privilegio servirle a Dios y tener un propósito mayor en esta vida. Todos anhelamos saber cuál es el propósito y plan de Dios para nosotros.

En el libro de Juan 20:21b, Jesús dice: “Como el Padre me envió a mí, así los envío a ustedes” Creo que por allí debemos empezar. Con esta frase, Jesús establece el cómo del envío, pues el Padre, lo envío a él de forma responsable, con propósito, lleno de amor, guiado por el Espíritu Santo, enfocado en la salvación y la reconciliación, lleno de compasión y respaldado por recursos. No son sugerencias, sino palabras de autoridad.
Cuando los candidatos han pasado por un proceso de preparación y llega el momento del envío, ¡hay que celebrarlo!
Es un momento sagrado, un acto profético, una declaración de fe y obediencia. El envío no es solo logístico: es espiritual, comunitario y celestial.
Celebremos juntos la dedicación de un obrero, de una familia, de varios enviados al campo misionero. Invitemos a otras iglesias a unirse. Me encantan las conferencias regionales y los congresos nacionales donde los obreros son comisionados públicamente. Ya han sido dedicados en sus iglesias locales, pero ahora se les envía en un contexto más amplio, como cuerpo de Cristo. Se generan compromisos de oración, se levantan ofrendas. Se celebra. Y debe celebrarse.
Especialmente cuando el envío se enfoca en los menos evangelizados—lugares donde no hay creyentes, donde la iglesia local no puede llegar por razones políticas, culturales o geográficas, y donde los recursos son mínimos. En esos contextos, el envío requiere valentía, visión y una estrategia clara. Aquí es donde la cooperación con organizaciones misioneras cobra fuerza: ayudan a abrir camino, a tomar riesgos, a entrar donde la iglesia local aún no puede.
Pero el envío no se hace solo. Ni en el campo ni desde la iglesia. Requiere oración, preparación y compromiso profundo. No puede ser improvisado. Debe ser guiado por el Espíritu, sostenido por la comunidad, y enfocado a los lugares de mayor necesidad espiritual.
¡Sirviendo en unidad para el Reino!
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