
Una pelota reparada, un sueño compartido
Isaac, con tan solo 18 años, tiene una historia marcada por el dolor, la resiliencia y la perseverancia.

Dos misioneras de SIM en Lima, Perú, preparan galletas navideñas e invitan a sus vecinos y amigos a decorarlas desde hace diez años.
“Para mí es una forma de compartir el Evangelio, celebrar con amigos y compartir una tradición navideña muy querida”, dijo Christina Conti.
Preparan más de 500 galletas de azúcar con glaseado y compran caramelos para decorarlas. Mientras se secan, comparten una reflexión bíblica en grupo.
“Siempre tenemos una buena mezcla de cristianos y de quienes aún no se han comprometido con Jesús. Es maravilloso escuchar las conversaciones fluir de forma natural en cada mesa”, dijo Christina.
“Hemos aprendido a vivir la Misión de Dios no solo en programas grandes, sino en lo cotidiano buscando impactar la vida de quienes nos rodean”, dijo Cynthia Sundman.
Hace algunos años invitaron a María Avalos, su terapeuta de masajes. Al principio sentía curiosidad por el Día de la Galleta y por la fe de quienes asistían. Observó que en las mesas se preguntaban “¿de qué iglesias vienes?”
“Yo no iba a la iglesia muy seguido, y me fascinaba que cada persona fuera de distintas iglesias. Acá no hay porque tú eres de tal iglesia o tú no perteneces a mi iglesia, no, nada que ver”, Maria dijo. “Ahora entiendo que Dios no solo está en una iglesia, está en todas, en el corazón de todas y que todos debemos buscar una sola unidad”.
Las relaciones continúan durante el año, pues suelen encontrarse en la calle o la tienda. En el caso de María, ocurrió en una cita de masaje.
“Su amistad ya ha sido una de las cosas más bonitas que me ha pasado, y el hecho de que me hizo sentir más la amistad de Dios también”, Maria dijo. “No solamente que son mis pacientes, sino que ya hay una amistad muy bonita”.
“No solo aprovechamos el Día de las Galletas para conectar con nuestros amigos y vecinos, sino que también, en Navidad, les regalamos un libro de devocionales. Esto nos brinda una oportunidad para conversar sobre temas de fe en cualquier momento”, añadió Cynthia. Al ver el interés de Maria crecer, Christina y Cynthia buscaron una iglesia cerca de su casa y fue sorprendente cuando empezó a congregarse. “Cuando me dieron el nombre de la iglesia acá cerca de mi casa fue como un empuje, no decir anda. Estuve feliz de conocer las personas que conozco hasta ahora en mi grupo. Me cambió mucho el hecho de saber que siempre Dios está conmigo, seguir cada día más, de pensar de una manera más fuerte, de caminar con más ganas ante las circunstancias”, Maria dijo. Está feliz que el grupo pequeño de la iglesia por ahora se reúna en su casa. “Siempre nos vamos conociendo más, interactuando y viendo qué podemos hacer como grupo para cambiar en nosotras mismas. Mi iglesia nos enseña a compartir y a ser personas de manos abiertas hacia los demás, y allí es donde Dios nos guía con nuestros pasos”, Maria dijo. Dios usó un evento anual tan simple como hornear galletas y preparar un devocional, y María es un ejemplo de cómo Él obra en actos cotidianos. “Ahora, espero cada vez más el día de galletas. Me encanta porque me siento bien, me siento en familia. Es el amor de Dios en ellos hacia todas las que vamos a su casa y nos permiten ingresar”, Maria dijo. “Son como esa luz que siempre me está acomodando, sin querer, un empuje; algo que quizá no se dan cuenta, pero que siempre me impulsa”.

Isaac, con tan solo 18 años, tiene una historia marcada por el dolor, la resiliencia y la perseverancia.

En algunas comunidades de la selva no existe la palabra pelota, ni las palabras izquierda o derecha, y su forma de aprender es distinta.

En su capacitación básica, Sports Friends busca cambiar la perspectiva de que el ministerio deportivo tiene como única finalidad el evangelismo.