Amar la Misericordia

Son misioneros argentinos de las Asambleas de Dios en Haití y pastores de una iglesia que han abierto en la ciudad de Leogane. Además, colaboran con dos hogares de niños.
“Los ayudamos, claro que sí, pero los formamos para que ellos puedan crecer como discípulos y también como personas”, dijo Sebastián, “Allí, ministramos la Palabra pero también enseñamos a los miembros de la iglesia que deben ser emprendedores.”
Miqueas 6:8 dice que existen 3 cosas que Dios exige de nosotros y una de ellas es “amar la misericordia”.
“Esto no quiere decir sólo hacerla, como si fuera una pesada obligación, sino que surge como fruto de amar a Dios y amar al prójimo”, dijo Sebastián.
Él cree que debemos tener en cuenta lo siguiente a la hora de trabajar con gente de escasos recursos:
Ser generosos: A veces, seleccionamos a las personas a las cuales vamos a ayudar como si nosotros conociéramos sus corazones o supiéramos quienes serían los que administran mejor. El Señor nos llama a la generosidad, aquella que nace de un corazón que no espera nada a cambio, que no hace diferencias, que alcanza a la mayor cantidad de personas con los medios con los que contamos.
Tener paciencia. Quizás este es uno de los puntos más difíciles. Muchas personas no han aprendido a dar las gracias o valorar lo que hacemos; por ello, debemos enseñarles con el ejemplo y asimismo debemos recordar cuál es nuestra motivación primordial al hacerlo.
Y, aunque muchas veces creemos que es la necesidad de la gente, la realidad es el amor que sentimos por Dios y por Su obra.
Ser perseverantes: No podemos empezar algo y dejarlo sin terminar. Si nos proponemos ayudar a una determinada cantidad de familias, o de alimentar a una cantidad de niños, aunque a veces nos resulte difícil de alcanzar la meta propuesta, debemos permanecer firmes y continuar hasta cumplir la meta propuesta.
Confiar en el Dueño de todos los recursos: Dios no dejará de sorprendernos jamás. Hasta el día de hoy, cada vez que llevamos alimentos, donaciones de ropas a la comunidad, colaboraciones a los hogares de niños, es porque el Señor nos ha provisto de todo lo necesario.
Enseñar y no solo dar: A veces creemos que dando beneficiamos o ayudamos a la gente. Pero nos hemos dado cuenta, estando aquí como misioneros, que de esa manera muchas veces lo único que hacemos es producir dependencia. Dios nos llamó a formar personas, y no simplemente a darles lo que podamos. Es mejor iniciar un micro emprendimiento para que ellos puedan ver que todo lo que logren será por el fruto de su trabajo y el respaldo del Señor en lo que hacen.