Un plan para la iglesia

Crear conciencia que este tipo de delitos contra las personas es un pecado grave contra la dignidad de la persona humana, la cual fue creada a imagen y semejanza de Dios.
Participar como reales actores sociales activos en la prevención de la trata de personas, la asistencia a sus víctimas y la incidencia pública para el fortalecimiento de la acción de la justicia, en relación a la sanción del delito y la formulación de políticas de atención integral a las víctimas.
Contribuir a la prevención de la trata de personas mediante la difusión y la sensibilización.
Disponer de instituciones con fuerte presencia local y con capacidad para sensibilizar a los creyentes que este trabajo es también parte del llamado que el Señor Jesús nos hace de atender al más desemparado.
Cooperar en la asistencia y reinserción de las víctimas que retornan a sus lugares de origen luego de haber padecido situaciones de explotación, manifestándoles el amor que nos caracteriza.
Potenciar nuestro testimonio como Iglesia donde el Señor nos puso para predicar Su evangelio, el cual nos dará una voz pública autorizada.
La exigibilidad del cumplimiento de los deberes del Estado en este tema, e influyendo en el Parlamento con nuestras opiniones, que estamos llamados a ser sal y luz en este mundo, como Iglesia que ama a Dios y a su prójimo.
Tomado de “La Misión de la Iglesia y la Trata de Personas”, por Rev. Dr. David Muñoz Condell.
Texto completo disponible en: http://bit.ly/IglesiayTrata