Socios en el Evangelio

Socios en el Evangelio

Ellos regresan a casa. “Allí no había nada para mí”, reflexionan en los días siguientes. ¡Pero aquí están las buenas noticias! Hay que mostrarles a “sostener las cuerdas”, en palabras de William Carey.

Los que VAN y los que SIRVEN COMO REMITENTES forman un equipo de socios. Quienes son todos socios iguales en el proceso misionero.

Nadie en el equipo debe ser estimado más alto que otro. Cada uno debe ser un socio de una vocación personal. Cada uno tiene responsabilidades diferentes, pero igualmente vitales. Cada uno debe estar capacitado en las tareas de ese llamado.

En Colosenses 1, Pablo menciona siete cosas por las que está orando por ellos: 1) Estar llenos del conocimiento de la voluntad de Dios; 2) Estar llenos de la sabiduría de Dios y entendimiento; 3) Que su estilo de vida agradara al Señor; 4) Ser involucrados en un ministerio fructífero; 5) Que conserven su privacidad y devoción; 6) Ministrar en el poder del Espíritu Santo y 7) Ser paciente.

Desafortunadamente, muchas personas piensan que el dinero es lo único que un misionero quiere de mí, ¡mi dinero! ¡Qué trágico! Sí, el dinero es una parte, pero no la más parte importante. La oración es importante.

Para ir a los no alcanzados el misionero requiere: Formar un equipo, frente de batalla, tener un coordinador de equipo, oración, apoyo financiero, comunicación y soporte logístico, apoyo en su conectividad para comunicaciones personales y apoyo moral.

Entonces, hay un equipo de socios:

  1. Apoyo en oración—personas con el don de intercesión;

  2. Apoyo para el reingreso: aquellos con el don de la hospitalidad;

  3. Logística Apoyo—el don de la administración;

  4. Apoyo a la comunicación: el don de ánimo;

  5. Apoyo moral: el don del estímulo.

Los que van y los que sirven como remitentes forman un equipo vitalísimo en el esfuerzo misionero.

Neal Pirolo, autor