No necesita programa de la iglesia

Fuera de las paredes y los programas de la iglesia, Anatolia Canteño, contadora en el Perú ha regalado el devocional la “Buena Semilla” a sus vecinos e algunos amigos cada año desde 2015.
El impacto de esta iniciativa pequeña ahora se puede ver en las vidas. Vecina Elvira llevó su devocional con ella cuando migró a los EE. UU. para buscar una cura para la enfermedad de su hija.
“Estoy muy agradecida con la hermana Anatolia por el regalo y es una bendición para mi familia”, dijo Elvira.
“Leíamos el devocional con mi familia día por día. Nos ayuda a buscar más de Dios”.
Elvira participa virtualmente los sábados a un grupo de estudio bíblico que Anatolia y una amiga en Lima dirigen.
Otra vecina Rosa cuenta que su proceso a aceptar a Jesús y estudiar la Palabra por este pequeño devocional le ha traído paz.
“Estoy muy agradecido a Dios, mi vida ahora llena de Su amor. Una vida plena, tranquila, no puedo decir sin problemas porque siempre los hay, pero como se dice: ‘Ya no me ahogo en vaso de agua’”, dijo Rosa.
“Confió en Jesús, en Nuestro Padre. Es tan grande”.
La Buena Semilla le enseña la Palabra, y a buscar en la Biblia, un consuelo y el consejo que cuando tenga ciertos problemas. Ella anima a otros a estudiar más.
“Muchas veces desconocemos la Palabra, pero debemos conocer la Palabra, leerla, hacer un devocional”, Rosa dijo.
Anatolia no esperó un proyecto de la Iglesia para accionar su influencia.
“Es mi deber y responsabilidad compartir el Evangelio de Jesús con otras personas. El Señor me proveyó los ejemplares de la Buena Semilla y creo es un buen recurso para que diariamente las personas puedan conocer más a Dios”, dijo ella.
Le da mucho gozo a Anatolia ver la transformación de un simple acto de obediencia en estos ocho años. Ha regalado 150 ejemplares cada año y espera duplicar la cantidad.