
Una vida rendida a Dios
Así como Jesús había venido para buscar y salvar lo que se había perdido, nosotros tenemos que hacerlo también dice Pastora Daniela de la Iglesia Castillo del R

Durante sus años sirviendo con SIM en lugares difíciles, Carolina siempre ha tenido en mente que muchas personas no tienen a Cristo por diversas razones. Por ser musulmanes, muchos se escudan en su religión y aparentan estar bien pero no tienen paz en su corazón. “Viven con esa incógnita de qué va a pasar con ellos después de la muerte, y esto me lleva a sentir mucha compasión por ellos, viven en la oscuridad y creen tener la verdad, pero no la tienen, tienen vidas vacías, llenas de temores, por eso siento mucha compasión por ellos”, dijo Carolina. Compasión es reconocer el dolor ajeno y tener la intención de aliviarlo y prevenirlo, pero ¿cómo crecemos en compasión?
“Cuando conocí a Jesús, aprendí cómo Él sentía compasión de las personas, compasión por diversas razones, por su condición física, espiritual, social, emocional, etc. También cuando he leído sobre el carácter de Dios a través de la Biblia, una de las características de su carácter es que es COMPASIVO. Todo eso me llevó a sentir compasión por los demás y tratar de ayudarles”, ella dijo.
Carolina ha compartido el Evangelio entre drogadictos, prostitutas; también en India, cuando trabajaba entre personas de casta baja, que eran rechazados por la sociedad. Recuerda a una mujer que se llamaba Sunita, tenía 22 años, vivía en una comunidad marginal en India, en condiciones muy insalubres.
“Tenía un año de padecer dolor por las llagas en su rostro y su cuerpo, las moscas se le paraban en las llagas. El esposo la quemó con
Al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «Ciertamente, es mucha la mies, pero son pocos los segadores. Por tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies.»
gasolina y le quitó a los niños, ella vivía en abandono y nadie le ayudaba”, Carolina dijo. Gracias a Dios y a la ayuda de una amiga de Carolina, pudieron internarla en un hospital, y después de varios meses, ella sanó de sus llagas. “En todo ese proceso ella conoció a Jesús, y cuando le preguntaban los de la comunidad cómo había sido sanada, ella testificaba del amor de Jesús y de nuestro amor por ella. Su vida fue transformada”, Carolina dijo. La compasión es de Dios, no de nosotros. Tenemos que pedir a Dios que nos dé la fuerza, sabiduría y la compasión para el ministerio. Carolina dice que hay lugares muy difíciles donde la gente vive más expuesta al sufrimiento que otros, pero no tenemos la capacidad de ayudar a todos. Los nuevos misioneros deben depender de la orientación de los equipos ya existentes, y, por supuesto, de la guía del Espíritu Santo. “Necesitan aprender a gestionar la ayuda que van a brindar a las personas por quienes sienten compasión”, ella dijo. En los equipos de SIM, Carolina dice que han trabajado en unidad para atender las necesidades de los grupos étnicos, la compasión es algo que ha observado siempre en sus líderes y colegas. “Lo que hemos hecho es orar por las personas que necesitan ayuda, buscar recursos para ayudarles, transmitirles el evangelio de diferentes maneras, acompañar a las personas que están sufriendo, este acompañamiento es físico, emocional y espiritual”, ella dijo.

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Un ciclo perverso es el que deja a muchos niños abandonados y una problemática que destroza almas, ¿quiénes las rescatarán?

Llevarles esperanza a las mujeres en riesgo es muy gratificante para Carmen, misionera de SIM, que ha trabajado por unos 20 años en Asia y África rescatando muj