El carácter del siervo de Dios

El carácter del siervo de Dios

El carácter del siervo de Dios se forma a lo largo de la vida cristiana, bajo la obra continua del Espíritu Santo. Aunque el temperamento es parte de nuestra “fábrica” personal y no cambia, sí puede ser sometido al Señor para que Él lo use para Su gloria. Por ejemplo, alguien naturalmente tímido puede ser usado poderosamente cuando camina en el Espíritu.

Dios nos perfecciona constantemente, como dice Filipenses 1:6: “El que comenzó la buena obra en vosotros, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”

Usando la figura de un árbol, vemos tres partes: fruto, tallo y raíz. El fruto es lo visible, pero lo que lo alimenta es el tallo, y lo más importante es la raíz. Si la raíz está sana, el árbol lo estará también. Muchas veces tratamos de corregir lo externo sin atender la raíz del problema.

1. El que se alaba a sí mismo

Busca atención y reconocimiento. Aunque parezca espiritual, su raíz es el orgullo, disfrazado como un complejo de superioridad. Este tipo de altivez precede la caída. La solución es someter el “yo” al Señor y servir con humildad, sin buscar aplausos humanos.

2. El quejoso

Se critica a sí mismo y no se acepta, lo que lo lleva a rechazar a otros. Su raíz es un complejo de inferioridad y una amargura profunda, causada por falta de perdón y resentimientos. Romanos 3:14 dice: “Su boca está llena de maldición y de amargura.” La sanidad viene al arrancar esa raíz y permitir que Cristo restaure el corazón.

3. El violento o ansioso

Reacciona con ira, vive estresado y codicioso. Su raíz son valores temporales incorrectos: el deseo desordenado de tener cueste lo que cueste. Lucas 12:15 nos recuerda: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” La paz viene cuando buscamos la aprobación de Dios por encima de la del mundo.

4. El sensual o incrédulo

Rechaza el juicio de Dios y se deja llevar por la sensualidad. Aunque se llame cristiano, vive con culpabilidad no confesada. El fruto visible es la lujuria, pero la raíz es la inmoralidad. La restauración comienza al reconocer la culpa y volver al Señor con un corazón arrepentido.

Apuntes del taller del Pastor Daniel Chávez Barahona Iglesia Cristiana Internacional Shalom, Perú

“La obra misionera no es para personas perfectas, pero sí para los maduros y comprometidos.”

Daniel Bianchi, de Conexión Oriental

Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello. Si haces esto, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.

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