
La actividad demoníaca en el campo misionero
La espiritualidad del Asia es latente.

El ministerio se hace de rodillas, abriendo camino y derribando obstáculos espirituales y humanos.
“Una vida diaria de oración, no una vida de oración de 5 minutos al día o de medio minuto al día o de un versículo al día, sino pasar una gran cantidad de tiempo en oración y en la palabra, reflexionado y estudiando, llenando tu cabeza y corazón”, dijo Gustavo Gumbs, quien trabaja entre los migrantes en Panamá.
La madurez espiritual implica reconocer cuándo estamos ante una batalla que requiere armas distintas: oración, ayuno, confesión y comunión.
José Cruz, profesor en el Seminario Teológico de Dallas, afirma que estas disciplinas no solo nos conectan con Dios, sino que nos transforman desde adentro.
“La oración es indispensable. Cuando nos acercamos al Señor, Él nos cubre. Él es mayor que
1. Simplemente porque somos hijos de Dios. 2. Para impedir el inicio de un nuevo servicio, ministerio o proyecto de evangelismo. 3. Para hostigar o terminar una actividad que está dando fruto para el Reino de Dios. 4. Para detenernos en nuestro esfuerzo por llevar a otros a la salvación o a la libertad. 5. Un demonio en un lugar reacciona ante nuestra presencia; ataca para asustarnos o hacernos salir.
Satanás. El ayuno es negarnos para estar en la presencia de Dios. La adoración exalta su nombre y nos recuerda sus promesas”, dijo José. En momentos de lucha, la vulnerabilidad y la confesión son armas poderosas. José insiste en que no podemos enfrentar la batalla solos ni con áreas ocultas en nuestra vida. No escondamos nada. Pongamos la lámpara de la Palabra sobre lo oculto. Confesemos, clamemos, y busquemos apoyo en hermanos de confianza. “El ejemplo de las ratas que comen la comida que está podrida y así se multiplican y creo que las ratas pueden ser como nuestro pecado o nuestra naturaleza pecaminosa que se alimentan de todas las cosas malas”, dijo José. Estas disciplinas no solo fortalecen al misionero, sino que lo protegen y lo forman para reflejar el carácter de Cristo en medio de la oposición.

La espiritualidad del Asia es latente.

No es correcto pensar que se encuentran demonios en todo lugar; tampoco es así.

Comúnmente, la lucha espiritual es principalmente ofensiva, no solo defensiva. Es una participación activa en el avance del Reino de Dios.