
No siempre es ruidosa y visible
Muchas personas tienden a imaginar la batalla espiritual como algo dramático porque el lenguaje de batalla es inherentemente intenso: términos como "guerra", "a

Basados en Lucas 10 como un manual de trabajo, nos esforzábamos por practicar la oración, la fe y el amor al ser amigos de no creyentes.
Como los visitantes no sabían el idioma y no contábamos con traductores, el único entrenamiento de idioma que les dábamos eran tres palabras: “Hola”, “bendición” y “Jesús”. Lo demás lo tenían que descifrar en inglés o en señas, pues nadie allí hablaba español.
A este ministerio con visitantes le llamábamos “pre- evangelismo de punta de lanza”. Cuando los obreros que ya manejaban bien el idioma local, realizaban el ministerio, entonces lo llamábamos “evangelismo”.
Al grupo de visitantes les daba un entrenamiento de 10 minutos: enseñando las tres palabras en el idioma, animándolos a tener fe basada en Lucas 10, explicando la logística y dónde encontrarnos cuatro horas más tarde.
Después de orar en grupo y enviarlos, salíamos a caminar las calles de dos en dos, orando sin hablar con nadie, pidiendo a Dios que nos guiara por dónde caminar y que Él abriera corazones, oídos, oportunidades, puertas, casas, escuelas, oficinas del gobierno, mezquitas, templos… a donde habíamos de entrar más tarde. Que abriera de todo para poder compartir el Evangelio.
Después de un par de horas, empezábamos a interactuar con personas, saludándolas con “Hola”. Los curiosos querían saber por qué estábamos allí, pues no éramos gente local. Nuestra respuesta era que estábamos allí para orar por bendición en el nombre de “Jesús” y por personas que estuvieran enfermas. No hablábamos de nada más.
A esto había varias reacciones, pero muchas personas nos dejaban orar por la “bendición” de Dios en sus vidas o pedían que fuéramos a su casa para orar por alguien que estaba enfermo. No todos se sanaban, pero todos eran tocados por el amor de Dios a través de los que participábamos. Era emocionante escuchar las historias después al juntarnos.
Por cierto, lo hacíamos en ayuno que arrancaba la noche anterior, y nadie podía comer nada hasta reunirnos en la tarde, a menos que un no creyente invitara a tomar té o comer en su casa al ir y orar por alguien. Solo así rompíamos el ayuno.
Gio, director de SIM Latinoamérica

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La espiritualidad del Asia es latente.

No es correcto pensar que se encuentran demonios en todo lugar; tampoco es así.