El Mundial y la Gran Comisión: una oportunidad para compartir esperanza

Cada cuatro años, el mundo se detiene para mirar el fútbol. Personas de diferentes idiomas, culturas y naciones celebran, sufren, cantan y se unen alrededor de un mismo evento: el Mundial. Lo que para muchos es simplemente un torneo deportivo, para los creyentes también puede convertirse en una oportunidad extraordinaria para reflejar a Cristo y compartir el evangelio.
Cuando la fe también entra a la cancha
En medio de la emoción del Mundial 2026, varios futbolistas han aprovechado su plataforma para hablar públicamente de su fe. Uno de ellos es el mediocampista surcoreano Lee Jae-sung, figura de la selección de Corea del Sur y uno de los líderes de su equipo en esta Copa del Mundo. Lee ha hablado en diversas ocasiones sobre valores como el sacrificio, la entrega y el servicio a su selección, mostrando una perspectiva que va más allá del éxito deportivo.
No es el único. En otras selecciones también existen jugadores que utilizan sus redes sociales para compartir versículos, reflexiones y testimonios de cómo Dios obra en sus vidas. En la selección de Estados Unidos, por ejemplo, varios futbolistas han hablado abiertamente de su fe cristiana y participan en estudios bíblicos y momentos de oración.
Estos ejemplos nos recuerdan que el deporte puede ser mucho más que entretenimiento. Puede convertirse en una plataforma para apuntar a algo más grande que una victoria: la esperanza que se encuentra en Jesucristo.
El Mundial nos recuerda la visión de Dios para las naciones
Cuando vemos desfilar decenas de selecciones durante el Mundial, observamos una pequeña muestra de la diversidad que Dios creó.
La Biblia nos muestra una visión aún más grande:
“Una gran multitud de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas” (Apocalipsis 7:9).
El Mundial reúne a las naciones durante unas semanas. La misión de Dios busca alcanzarlas para la eternidad. Por eso, cada partido puede recordarnos una realidad importante: detrás de cada bandera hay millones de personas que necesitan escuchar las buenas noticias del evangelio.
Mientras observamos a Japón, Corea del Sur, Marruecos, Irán, Senegal o Arabia Saudita competir en la cancha, también podemos recordar que muchos de esos contextos tienen poco acceso al evangelio o cuentan con una presencia cristiana muy reducida.
Cinco maneras de utilizar el Mundial para compartir la fe
1. Organiza una reunión para ver un partido
Invita amigos, vecinos o compañeros de trabajo a ver un encuentro del Mundial. Muchas personas aceptarían una invitación para ver fútbol cuando quizás no asistirían a una reunión tradicional de iglesia. La hospitalidad abre puertas para conversaciones significativas.
2. Ora por las naciones que participan
Antes de cada partido, dedica unos minutos a orar por los países involucrados. Puedes investigar:
población
idiomas
acceso al evangelio
necesidades espirituales
De esta manera, cada partido se convierte también en una oportunidad de intercesión.
3. Utiliza ilustraciones futbolísticas para enseñar principios bíblicos
El fútbol ofrece ejemplos naturales sobre:
trabajo en equipo
perseverancia
disciplina
liderazgo
sacrificio
propósito
Estos conceptos pueden ayudar a conectar conversaciones espirituales con personas interesadas en el deporte.
4. Organiza una noche temática de las naciones
En grupos pequeños o iglesias, cada encuentro puede enfocarse en uno de los países participantes. Pueden incluir:
comida típica
información cultural
testimonios misioneros
tiempo de oración
Así el Mundial se transforma en una ventana hacia las naciones.
5. Comparte esperanza cuando todos hablan de fútbol
Durante el Mundial las conversaciones fluyen naturalmente. Preguntas sencillas como:
¿Qué selección apoyas?
¿Cuál ha sido la mayor sorpresa?
¿Quién crees que ganará?
Pueden convertirse en puentes para conversaciones más profundas sobre propósito, esperanza y fe.
Más allá del trofeo
Dentro de unas semanas habrá un campeón. Las celebraciones terminarán, las camisetas volverán al armario y la atención del mundo se moverá hacia otro evento. Pero la misión de Dios continuará. El Mundial nos recuerda que Dios ama a las naciones. Nos muestra la diversidad de pueblos que Él desea alcanzar y nos invita a participar en Su obra. Quizás este año, además de disfrutar los partidos, podamos mirar el torneo con otros ojos: como una oportunidad para orar por las naciones, compartir nuestra fe y recordar que el evangelio sigue siendo la mejor noticia para cada pueblo, lengua y cultura. Porque mientras el mundo celebra un campeonato temporal, la Iglesia participa en una misión eterna.