Nuestro verdadero y máximo Jefe

Nuestro verdadero y máximo Jefe

Sólo imagínate a un esclavo cristiano en esos tiempos, laborando día a día en un ambiente de trabajo donde él no sólo podría ser menospreciado por sus contribuciones sino también maltratado. Los días de trabajo eran largos. La labor era servil y la compensación era pequeña. Bajo tales circunstancias, ¿cómo uno resiste el jalón gravitacional de la mediocridad – de sólo hacer lo mínimamente requerido? ¿Qué motivaría a tal siervo a laborar fielmente, seriamente y quizás incluso gozosamente?

La respuesta de Pablo: la promesa de una incomparablemente rica y eterna recompensa que es tan segura como cualquier beneficio presente que él pudiera recibir. Como puedes ver, el antídoto de Pablo para el problema de un ambiente de trabajo duro y posiblemente desalentador no es un discurso “raro” ni de convocar al llamado del deber para perseverar.

En cambio, él arrojaluz acerca del generoso corazón de Dios para que sea tanto el Galardonador y el Galardón para todos los que confían en Él.

Cuando considero la promesa de un futuro galardón en Cristo, mi necesidad presente de ser apreciado por otros es eclipsada por la luz ardiente de sus misericordias.

Entiendo que incluso si nadie reconoce mis labores, puedo encomendarme a Cristo que es mi verdadero y máximo jefe. Él se asegurará de que ninguna obra hecha fielmente para Él quede desconocida, sin recompensa.

Andre Yee, ejecutivo de tecnología