Dios es el que da el crecimiento

Isa: “Como mi esposa y yo somos profesores particulares el mayor trabajo no está en las horas de clases que tengamos, sino en el relacionamiento con el joven o niño. Uno de los primeros casos en los compartí el evangelio fue en la casa de unos mellizos, eso fue sistemático por lo que puedo decir que fue diferente a como solíamos hacer evangelismo en otros contextos (acá era limitado y debía ser cuidadoso).
Uno de las primeras cosas que hice desde Mayo, además de entablar confianza con la familia y hacer mi trabajo fue ponerles música y videos donde se hablara de Cristo como Salvador, todos en su idioma (el que mayormente se habla en casa, el árabe). No fue un evangelismo agresivo, aun así mi relación con ellos y la familia se vio afectada por un trato más distante, a causa de eso.
No obstante continué con ellos hasta los exámenes finales. En esa oportunidad, antes de que su examen, les pedí a ambos poder orar por ellos para que todo saliera bien, en ese momento uno de ellos me dijo que no estaba interesado; pero su hermano sí. De esa manera lo encomendamos en el nombre de Jesús.
Otro caso fue cuando preparaba a un joven para dar un examen. Recuerdo que usamos para estudiar “La parábola del hijo pródigo” (no de la Biblia; sino de una hoja impresa que llevé para leer). Al final la historia cuando el padre hace el banquete con su hijo, el joven árabe pronunció: “Así es como lo hacemos nosotros también”. En esa parte de la historia se sintió identificado por el hecho de la vergüenza del hijo con el padre.”
Catalina: “Como profesora dentro de un colegio islámico pude enseñar el método “El libro sin palabras” (los 5 colores que explican el proceso de salvación), en ese momento me enternecí porque todos los niños a mi cargo que escucharon en ese momento querían tener un corazón limpio y que Jesús entrara en sus corazones. Me aferro a la esperanza que Dios hará brotar la semilla en sus vidas.”