Gracia y compasión desde el inicio

Adán y Eva fueron desplazadas del hogar que Dios había creado para ellos a causa de su desobediencia. Caín fue juzgado y expulsado de la zona donde había hecho su hogar a causa de los celos y el asesinato. Siglos más tarde, el Reino del Sur, Judá, fue conquistado y la élite fue llevada al exilio a causa de la idolatría y la injusticia social.
Pero lo que es notable en cada situación es el carácter de Dios, que extiende Su gracia y favor inmerecido a quienes han sido desplazados, lo que les permite hacer frente a las consecuencias de sus propias acciones, incluso cuando la crisis fue su culpa.
En el caso de Adán y Eva, Él les proporcionó ropa de modo que puedan hacer frente a las consecuencias de la vergüenza. Incluso estando exiliados de su presencia, Dios nunca los abandonó, los bendijo con hijos (Gén. 4:1) y les permitió adorarle (Gén. 4:3-4). Dios le dio a Caín una marca física, de modo que donde vagara estaría protegido y no le harían daño cuando temiera. Dios nunca abandonó al antiguo Israel en el exilio, y prometió que en el momento justo, Él los restauraría (Jer. 29: 10-14). Él incluso les dio instrucciones de qué hacer para que pudiera bendecirlos en el exilio (Jer. 29: 4-8).
En otra oportunidad, cuando las tribus de Jacob fueron humilladas y esclavizadas en Egipto por cuatrocientos años, lejos de la tierra que habían vivido, Dios escuchó su clamor y les envió un libertador. Tanto si las personas son desplazadas a causa de sus propias acciones o son víctimas de la brutalidad de los otros, Dios se preocupa por su situación y bienestar. Dios nunca abandona a Su creación y en Su justicia cumplirá Su obligación con ellos.
El carácter de Dios demostrado a través de su gracia, la compasión y la justicia es el punto de partida para conocer cómo Dios se relaciona con los refugiados y las personas desplazadas.
Por Rev. Dr. Rupen Das. “Dios y los refugiados: fundación de esperanza”