Lo que mi corazón esconde tras hacer mucho a la vez
Hacer varias tareas a la vez puede lucir muy productivo, pero reconozco que debería llamarle mala mayordomía. No me refiero a escuchar música mientras limpio el piso y tengo la cena en el horno. Me refiero a sacrificar los regalos que Dios me ha dado en el altar de la productividad. La mirada de mis hijos y mi esposo, mi atención al encanto de sus sonrisas, el regalo de una conversación y el gozo de disfrutar el ahora. Todas esas cosas se desperdician por chats, correos y afanes que me hacen creer que son urgentes y quieren entronarse en el trono de mis prioridades.
Estudios indican que cuando intentamos hacer varias tareas a la vez, en el corto plazo se duplica la cantidad de tiempo que lleva realizar cada una y a su vez, la cantidad de errores. Aunque no fui creada para funcionar como un ordenador con múltiples aplicaciones abiertas, tengo que reconocer que el multitasking no es el origen del problema, es mi corazón dividido.
Mis afectos fragmentados me halan y no me permiten amar lo correcto. Al final de cuentas no soy productiva, cometo errores y termino cansada. Si un día no es suficiente para todo lo que tengo que hacer, es probable que esté haciendo cosas a las que Dios no me ha llamado. Entonces por todo lo anterior, tengo que recordarle a mi alma:
- No soy omnipresente. Dios me ha limitado a un tiempo y a un espacio. No fui creada para estirar mi cerebro para hacer múltiples cosas a la vez.
- No soy omnisciente. No tengo que estar al tanto de todo lo que pasa en las redes sociales, no tengo que saberlo todo.
- No soy omnipotente.No tengo el poder absoluto de hacer todas las cosas y salir victoriosa. No soy Dios.
- No soy indispensable. No soy tan necesaria como a veces creo. Los correos no tienen que ser respondidos inmediatamente, mis notificaciones y chat no deben regir mis prioridades.
Betsy Gómez, media manager con el ministerio Aviva nuestros corazones
Compartiendo las buenas prácticas en el cuidado a los familiares del obrero
Si bien esta es un área que aún no ha sido tan explorada por las iglesias y agencias en Latinoamérica e incluso, en el mundo, uno de los pioneros en hacerlo es la agencia Fedemec en Costa Rica. Alexandra Mantilla es la directora del Departamento de Cuidado Integral, y compartió cuáles son las prácticas que el ministerio ha implementado para acompañar a los familiares de los misioneros.
Llamadas/WhatsApp mensuales: Les escriben o llaman cada mes para ver cómo están, pedirles sus pedidos de oración y orar por ellos y sus familiares. No es un programa o agenda a cumplir, sino es un asunto de cultivar una relación genuina con los familiares, conocerles y que ellos nos conozcan, caminar con ellos, menciona Alexandra.
Desayunos 3 veces al año: A través de estos encuentros, los familiares de los misioneros pueden conocerse y tener un tiempo de comunión. Los hemos visto animarse los unos a los otros al ver que comparten realidades que son comunes para todos, comenta la Directora. En esos desayunos, se comparte un tiempo de reflexión bíblica, oración y además celebran fechas especiales como navidad, día de la madre o padre, y se comparte lo que cada familiar trae para compartir.
Visitas, sobre todo a los familiares de los candidatos que están por salir: Son realizadas por la persona encargada de Envío o el director de FEDEMEC, y el objetivo es que pueda responder a las preguntas de la familia sobre el campo y la organización.
Y, por supuesto, también realizan una importante labor animando y capacitando a las iglesias de los obreros y candidatos a acompañar a los familiares que se quedan.
Además, un punto clave del trabajo que viene realizando FEDEMEC en esta área es la designación de quién hará el trabajo. Su propuesta se basa en dar la oportunidad a adultos mayores, sobre todo si son padres y madres, y que tengan dones y facilidades para caminar con otros.
Como agencia no tenemos la capacidad de acompañar a toda la familia extendida del obrero y algo que hemos aprendido y ha sido de ayuda es preguntarle al obrero cuáles son tus dos familiares más cercanos a los que les gustaría que acompañemos. De esta manera, dejamos expectativas claras y sabemos que estamos acompañando a aquellas personas que para el obrero son muy importantes, finaliza Alexandra.