No se necesitan actividades millonarias

Foto de Andrea Piacquadio: https://www.pexels.com/es-es/foto/feliz-joven-inteligente-con-auriculares-saludo-amigo-en-la-calle-3808845/

El presupuesto es algo importante en cualquier tipo de organización, y las iglesias no son inmunes a preocupaciones relacionadas. Para muchos, el cuidado integral implica ‘un gran gasto’ y peor si pensamos en cuidar también a la familia del obrero que se queda.

Sin embargo, ¡nada podría estar más lejos de la verdad! Lo cierto es que hay cientos de acciones que podemos realizar para cuidar de la familia de los misioneros sin que sea necesario contar con grandes sumas de dinero.

Se puede ayudar a que varias familias se junten en una ciudad y darles un espacio para compartir cómo se sienten, cómo ha sido el tiempo sin sus hijos, hijas o nietos, sugiere Lorena, misionera en España.
Para Rosa, misionera en Asia, una oración es vital y bien recibida.

Creo que los primeros meses son importantes, es ahí donde se extraña más al ser querido que deja el hogar, pero teniendo alguien con quien compartir o simplemente orar por fortaleza y sobre todo por aprender a confiar en que Dios cuida de sus hijos es suficiente, comenta.

Cuando salí al campo, me hubiera gustado el acompañamiento a mi mamá, más que a otra persona. Posiblemente, una llamada, una visita, acompañado todo esto con una oración junto a ella, menciona una obrera en América.

La Dra. Jessie Ritchey, consultora de cuidado integral, menciona que la salida de un hijo o familiar muy cercano al campo, es prácticamente como un duelo y a veces solo es necesario hablar.

Cuando alguien muere y nadie menciona su nombre, uno se siente muy solo. Lo mismo es cuando alguien de tu familia sale al campo. Siempre es lindo responder a su nombre.Quieren contar sus historias, avisarte que acaban de hablar con ellos por Skype, quieren compartir algo con alguien, agrega.

Por otro lado, sí habrá algunas actividades que demanden cierta inversión, y comprender la importancia del cuidado de los familiares del obrero y que es parte de nuestra labor como iglesia, nos preparará para estar dispuestos a hacer esa inversión con amor.

Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

1 Juan 3:17-18

Un proceso de preparación familiar

Escrito por Juana, obrera peruana

En 2016, cuando yo entendía mi llamado por parte del Señor en salir al campo, había una fuerte preocupación por mi mamá, a pesar de que yo había salido al campo anteriormente por 6 años, pero se suponía que ya había regresado “definitivamente” a Lima, Perú.

La salud de mi madre no estaba muy bien, con tristezas y preocupaciones sumados a los problemas físicos. Entonces dentro me preguntaba “¿quién cuidará de mi mamá? ¿Cómo hago para que ella se sienta tranquila y en paz al saber que yo estaré bien en otro lugar y que ella también estará bien?”

Conversé con una amiga misionera sobre mi lucha y sus consejos me ayudaron a recordar que Dios tenía un tiempo para todo y que, si Él me estaba llamando, una vez más, arreglaría la situación. También recordé que yo no estaba sola, tenía otros hermanos que podían y debían ser parte de esto, apoyándome desde ahora.

¡Esto fue de gran ayuda! Ya que la preocupación que sentía debía ser compartida con el resto de mis hermanos. Hablé con ellos y les conté de mi llamado y que necesitaba la ayuda y comprensión de ellos.

Les hice entender que algún día yo no estaría con ellos, pero mi mamá sí, y que ellos debían de cuidar de ella, ya sea visitándola más seguido, llamándola, en fin, que ella viera y sintiera que sus demás hijos también estaban ahí para cuidar de ella.

Entonces Dios comenzó a obrar, algunos de mis hermanos empezaron a mostrar más atención y preocupación por mi mamá.

Por otro lado, sin necesidad de estar buscando maneras por mí misma, Dios iba encargándose del tiempo, y Él empezó a trabajar en mi mamá. Yo oraba para que ella entendiera que todo esté llamado era de Él. Así que, en la soledad, Dios se encargó. ¿Cómo lo noté? Poco a poco mi mamá iba teniendo más curiosidad por las cosas del lugar al que yo iría, veía documentales (aun sin entender el idioma) y decía:

Este es el pueblo donde mi hija irá. Y debo de saber dónde Dios la quiere llevar”. Una vez que Dios empezó a obrar en Su tiempo, yo empecé a actuar y a hablar de manera más intencional con ella y a contarle cada paso que iba dando.

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