Desafiados a revitalizar una iglesia
Uno de los desafíos para revitalizar una iglesia, es trabajar en “la sanidad de su matriz”, es decir recuperar la fuerza evangelizadora, de hacer discípulos y hacedores de discípulos.
Es recuperar ese “perfume” que el Espíritu Santo da a los creyentes para que los inconversos sean atraídos a Jesucristo, esto se logra a través del testimonio personal y como comunidad de fe, ellos lo disfrutan y a la vez hacen que los visitantes se sientan a gusto.
Si las personas nos visitan por primera vez, y no reciben el toque de Dios, pero sienten buen ambiente y son bien tratados, tendremos otra oportunidad, porque de seguro regresarán, pero si tienen el toque de Dios y son mal atendidos seguro seguirán al Señor… ¡pero no con nosotros!
Para resolver este problema, hay que concentrarse en el liderazgo, sean pocos o muchos los líderes positivos, eso no es problema, el cambio se llevará adelante, Dios utiliza al pastor, formando y equipando a los líderes para que ellos sean a su vez, utilizados por Dios.
¡Aquí no se puede dudar! con mucho amor y autoridad hay que hacer los cambios necesarios, después de una buena observación, análisis, discernimiento y guía del Señor, hay que operar!
Aquí se encuentra la clave de la restauración, en el liderazgo está la semilla de la matriz y esta debe estar sana y saludable.
En muchos casos solo hay que potenciar, en otros promover nuevas personas, hay momentos que ameritan cambios de roles con el mismo equipo, tal vez iniciar un equipo desde cero, o también muchas veces por diferentes motivos remover a ciertas personas, explicándole porque razón él o ella no podrá formar parte del equipo, hasta que solucionemos tal o cual problema. Esto es de suma importancia, pues en iglesias de muchos años que necesitan restauración, hay personas que han sufrido una involución pasando de ser “fundadores” a ser “fundidores”
Lo que está claro es no seguir de cualquier manera, si no, de la manera correcta.
Por Pastores Miguel y Teresa Di Paolo Iglesia de Dios Córdoba – Argentina
Iglesias que hacen la diferencia
Son generosas:
Desean dar de su tiempo, enfoque, finanzas, líderes y oración. Operan desde una mentalidad de abundancia y no de escasez. Y Dios honra esa fe. Siempre tienen más, siempre hay más líderes apasionados porque su pasión eleva la fe y el compromiso de toda la iglesia.
Están comprometidas:
Entienden que la labor pionera toma tiempo, se comprometen a largo plazo y son fieles a los obreros que enviaron en los momentos fáciles y los difíciles. Son amorosas: Están dispuestas a escuchar, a entender y a mostrar amor en formas practicas. Encuentran maneras creativas de animar a sus obreros a florecer en sus vidas y en su ministerio.
Son realistas:
Tienen una teología sana que reconoce tanto los milagros y liberaciones como los momentos de sufrimiento: los problemas de visas, la incertidumbre, la enfermedad y hasta el peligro físico. No se concentran en la comodidad y seguridad sino en seguir a Cristo.
Son aprendices:
Desean aprender de otras iglesias y agencias misioneras, sirven en cooperación y cómo preparar a sus obreros para el servicio, como afirmarles en su llamado y como apoyarlos para un ministerio a largo plazo.
Involucradas:
Quieren conocer el lugar, a la gente, lo que Dios está haciendo y como orar. Cuando es posible hacen visitas ocasionales para animar a sus obreros pioneros en el campo.
Son estratégicas:
Quieren que su contribución cuente en la causa del Reino de Dios. Prefieren esforzarse un poco más y luchar un poco más para ver llegar a Cristo a gente que antes nunca tuvo testimonio de él y ver las primeras iglesias levantarse en ese lugar o las primeras Escrituras ser traducidas.
Son ambiciosas:
No solo mandan uno o dos, sino que están dispuestos a formar equipos para que puedan ser efectivos en la tarea de alcanzar un grupo humano con el evangelio.