Conociendo sobre los TCA
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son afecciones graves de salud mental que afectan a millones de personas en el mundo.
En el desarrollo de estos trastornos están implicados factores biológicos, psicológicos y socioculturales. Pueden afectar a personas de cualquier edad, sexo, raza o nivel socioeconómico, aunque lo más frecuente es que se inicien en la adolescencia o adultez joven y afecten en mayor medida a mujeres que a hombres. Algunos signos y síntomas, son:
- Conductas y actitudes que indican que la pérdida
de peso y el control de la alimentación se están
convirtiendo en la mayor preocupación de la persona. - Saltarse comidas con todo tipo de pretextos.
No acabar la comida o tirarla. - Esconder o almacenar comida.
- Ir a los servicios higiénicos inmediatamente después
de las comidas. Ocultar vómitos o justificarlos. - Informarse obsesivamente sobre la composición de
los alimentos y su valor energético (contar calorías). - Hacer ejercicios de manera compulsiva. Miedo
intenso a la ganancia de peso. - Insatisfacción importante con el propio cuerpo, la
figura y el peso. Elevada autocrítica. - Distorsión de la imagen corporal (no percibir de
forma realista el propio cuerpo).
Si identificas alguno de estos en ti o en alguien cercano, consulta a un consejero capacitado y/o un profesional.
Quiénes somos en Cristo
La Biblia nos enseña a pensar de nosotros mismos de manera coherente.
Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. Rom.12:3 (NVI). No se trata de enaltecernos por lo que tenemos, ni pensar de manera irreal. Todo lo que tenemos, nos ha sido dado por Dios (1 Co. 4:7).
La autoestima es la imagen personal que tenemos de nosotros mismos y el valor que le damos a nuestra persona en su totalidad. La gente nos suele juzgar por lo que ve, por eso a veces, aparentamos algo que no somos, e incluso a la hora de valorarnos a nosotros mismos, nos cuesta ser sinceros y basamos nuestro valor en cosas equivocadas.
Fiona Hahn, misionera, dijo que, si un misionero tiene su autoestima basada en lo que hace, conoce o logra; será un problema en las misiones.
Al menos al principio, el misionero no podrá hacer nada, no conoce a nadie y no logra nada. Su confianza debe estar en quién es, un hijo de Dios, de igual valor y dignidad que toda persona creada, y el objeto de Su completo y duradero amor y preocupación, dijo Fiona.
Nuestra percepción de quiénes somos no debe depender de lo que hacemos o queremos mostrar, sino de quiénes somos en Cristo.
Salmos 16:2 nos recuerda: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti. Los cristianos alcanzan valía y una sana autoestima teniendo una correcta relación con Dios. Nuestro valor en realidad no proviene de “nosotros mismos”; más bien, es un valor que Dios nos da.
Podemos saber que somos valiosos, por el alto precio que Dios pagó por nosotros, a través de la sangre de Su Hijo, Jesucristo.