Consejería en tiempo de crisis

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La consejería es usada para dar información, instrucción, corregir, animar y consolar a personas que están enfrentando un momento difícil o crisis en su vida, ayudándoles a pensar bien o con sabiduría y establecer un estilo de vida saludable.

Las crisis son inherentes en la vida del ser humano y cuando alguien enfrenta una crisis muchas veces se siente confundido, inestable emocionalmente y siente dudas sobre sí mismo, por esa razón la iglesia y su liderazgo debe capacitarse para ayudar cuando alguien de su congregación necesite consejería en tiempos de crisis”, dijo Carlos Pinto, psicólogo clínico y de familia.

La consejería en tiempo de crisis, es sumamente importante porque una vez superada, tendremos herramientas para acompañar a otros y mantenernos saludables. El objetivo final es acompañar, apoyar y orientar para que la persona resuelva su crisis y retorne al estilo de vida de normalidad que vivía antes del conflicto.

Una crisis demanda atención especial y especializada, por ellos es importante que se reciba, y debe ser ‘integral’, enfocada en el cuerpo, alma y espíritu, y desarrollada por especialistas. A veces, no solo basta solo con orar o leer la Palabra, ha de darse un tratamiento a fondo”, dijo Otto Ralón, sirviendo con Ministerio CAYADO (Cuidado, Atención Y Apoyo De Obreros).

Es fundamental que, para acompañar, tanto al creyente en la iglesia como al misionero, ellos puedan exteriorizar sus sentimientos. “Necesitan ser escuchados y tanto la iglesia como la agencia debe tener un equipo de Cuidado Integral y las estrategias de acompañamiento en las crisis. Lo ideal sería que se cuente con un consejero profesional, aunque a veces el misionero busca a una persona a quien le tiene confianza”, dijo Gilma Bardales, coordinadora de Cuidado Integral para Guatemala y Centroamérica (CONEM).

Hoy en día, los avances tecnológicos permiten un acercamiento hacia el obrero. “Aunque es de vital importancia considerar el acompañamiento físico, el acercamiento virtual es de gran bendición, pues nos
permite una comunicación inmediata en la mayoría de las ocasiones”, dijo Brenda Castro de Ortiz, consejera del área de misiones del Centro Bíblico El Camino, Guatemala.

Además, es necesario establecer quién llevará la consejería. “Es un tema a determinar en conjunto, tanto la iglesia como la agencia deben estar conscientes del proceso, respetando los acuerdos”, dijo Brenda.

Nadie ha sentido lo que siento yo

El pastor Antonio cayó en un profundo agujero de depresión con pensamientos obsesivos cuando tenía 31 años. Se puso tan mal que no pudo levantarse físicamente del suelo.

“Empecé a rogar a Dios por alguien que pudiera hablar un vocabulario que predicaba a mi alma, y no encontré a nadie en el mundo cristiano contemporáneo”, dijo Antonio.

Antonio, finalmente encontró un libro de un pastor puritano, del siglo XVII, John Bunyan, titulado “Gracia abundante para el mayor de los pecadores”, que habló a su corazón.

Los pastores puritanos, que vivían en y entre su rebaño, fueron capaces de describir un espectro de emociones.

La terrenalidad y sinceridad de Bunyan, y la de sus contemporáneos, es lo opuesto a la imagen perfecta de Facebook que se espera que proyecten ahora tanto pastores como feligreses”, dijo Antonio. “

Si la iglesia quiere avanzar, tiene que retroceder. Una persona deprimida está convencida de que nadie ha sentido lo que siente, por lo que se benefician cuando alguien habla su propio idioma.

Y esa falta de asertividad es debido al silencio que mantienen las iglesias en torno a los problemas del suicidio y las enfermedades mentales en general.

Según LifeWay, en Estados Unidos, solo una cuarta parte de las iglesias tienen un plan para ayudar a las familias afectadas por enfermedades mentales (27%), y aún menos tienen líderes capacitados sobre cómo reconocer las enfermedades mentales (13%). ¿Cómo estarán esos porcentajes en América Latina?

Mientras tanto, aquellos con una enfermedad mental y sus familias quieren que los pastores hablen abiertamente sobre estos temas; pero la mayoría de los seminarios ofrecen poca capacitación en enfermedades mentales o atención pastoral.

Por eso, Antonio hace énfasis en la necesidad de producir materiales para educar a las iglesias sobre las enfermedades mentales.

Designar un área encargada para problemas de salud mental en la iglesia, trabajar con los seminarios para lograr un estándar mínimo de educación sobre enfermedades mentales, desarrollar un sitio web con recursos específicos, son algunas ideas.

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