Por medio de la oración somos colaboradores de la obra redentora

Los ojos de María Fernández, coordinadora de intercesión en COMIBAM, fueron abiertos el 2007 en la Red de Oración a la realidad que Dios responde a la oración: “A lo largo de estos años, Dios nos ha sorprendido y mostrado Su fidelidad, poder y amor; pero, además, nos movilizó a nosotros mismos”.
Latinoamérica, más que un campo misionero, hoy es una fuerza misionera, que impulsa el avance del Evangelio involucrando a muchos. Por ello, la Iglesia Latina debe comprender que la oración es la columna vertebral en su papel protagónico en este mundo. Si los creyentes no doblaran sus rodillas ante Dios, nunca sentirían la carga de orar.
“Y he aquí la importancia de interceder cada día por los pueblos y por los obreros, si no rogamos al Señor de la mies, que envíe obreros, indirectamente estamos imposibilitando la salvación del mundo, limitamos el envío de obreros y el obrar del Espíritu Santo en los pecadores. Por medio de la oración nos convertimos en colaboradores de Dios en la obra redentora”, dijo María.
Hoy, Dios está buscando intercesores, al igual que en el tiempo de Ezequiel (Ez. 22:30). El plan supremo de Dios es la redención del mundo. Su deseo es que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pe. 3:9).
La oración de intercesión es una de las llaves poderosas que Jesús ha dado a Su Iglesia: “Abre los cielos para que la Palabra penetre en aquellos lugares que todavía no lo conocen, derriba fortalezas que el enemigo ha levantado entre las personas, quebranta los poderes de las tinieblas que han tomado posesión de territorios, irrumpe en los corazones cambiando ambientes espirituales, da vida a lo que está muerto, regenera, restaura, levanta, enciende movimientos y mucho más. La oración de Intercesión es la clave para la tarea pendiente”, dijo María.