
Saber comunicarse para no quedar aislada
Sandra, obrera latina en Europa del Este, tuvo una experiencia dificultosa en su envío.

En realidad, suelen ser contados con los dedos de la mano quienes pueden ir en “contracultura” para aprender de forma intencional algo que le demande invertir tiempo, energía y dinero como un idioma.
Solemos procrastinar demasiado, nos distraemos con otras actividades, no organizamos nuestro tiempo y prioridades; como resultado, dejamos de hacer lo que habíamos empezado, esto define parte de nuestra cultura.
“En nuestra cultura latinoamericana, de que se aprende, se aprende, pero más suele ser por la necesidad que por intencionalidad, por ser disciplinados o por la motivación correcta. Y si tomamos tiempo, pues lo hacemos, pero no lo terminamos y empezamos a ocupar el tiempo en otra cosa”, dijo María Lola Moreno, directora de Impacto Mundial en Ecuador.
Un buen mentoreo puede guiar al candidato.
"El perfil de un buen mentor debe de describirse como quien nos acompaña en enfocarnos, definir prioridades y organizarnos, mas no quien nos da todo hecho. También se toma una postura de lidiar con la costumbre de las distancias de poder; pasamos de ver al guía como quien está por encima a como quien camina a nuestro lado”, dijo ella.
María Lola nos comenta, en base a su experiencia en la formación de misioneros, que se les torna difícil el aprendizaje porque quizá antes no lo veían tan necesario o relevante. Por eso no tomaban el tiempo o el esfuerzo de hacerlo.
Cuando entienden la verdadera importancia de “hablar el lenguaje del corazón”, mediante un buen mentoreo y sumadas las herramientas que les facilitan el aprendizaje, al final se aprende bien. Todo es parte de un proceso intencional, de convertirnos en servidores, sensibilizarnos con la necesidad, aceptar la corrección y pagar el precio.
La motivación correcta siempre tiene que ser llegar al lenguaje de sus corazones, adaptándonos a su entorno y compartir con ellos para sembrar el Evangelio.
"Nuestra disciplina, el ser persistentes en las metas que nos planteamos y en lo que nos demanda invertir. Nuestro esfuerzo, salir de nuestras comodidades; formar ese criterio de que hay que valorar la meta que tenemos, porque lo que no cuesta, no se valora. A fin de cuentas, aprendemos bien y tomamos el tiempo, pero debemos conocer esas partes con las que nos toca lidiar y saber cómo hacer para lograr lo que nos proponemos”.
Andrés Mena, colaborador de la Revista VAMOS

Sandra, obrera latina en Europa del Este, tuvo una experiencia dificultosa en su envío.

Cuando somos adultos, cuesta más por el trabajo, el hogar y muchas otras cosas más, dice Maribel Vallejos, maestra de inglés en Mission Language (ML), academia

El aprendizaje de idiomas no se realiza por vía intravenosa, ni podemos simplemente, abrir nuestro cerebro y verterlo.