Le importa a Dios, nos debe importar también

Sería impensable creer que en el mundo aún existen personas que no han oído de la Palabra de Dios. Sin embargo, es cierto y esas personas son importantes para nuestro Dios.
El Señor llama a Isaías y le pregunta: ¿A quién enviaré para alcanzar a estas personas? Y le responde: Heme aquí, envíame a mí. (Isaías 6:8).
“A Dios le importan las personas y a nosotros también deberían de importarnos, debemos de tener un corazón por quienes aún no han escuchado el Evangelio y buscar llegar a ellos”, Julio Moromisato, director ejecutivo de COMHINA (COMIBAM en EE. UU.).
Lo primero que debe caracterizar a la Iglesia es un corazón transformado por Dios, que sepan que su vida no les pertenece y estén dispuestos a aceptar el reto de ir a los no alcanzados.
“Mientras no entendamos Quién es Dios y quiénes somos nosotros, podemos hacer muchas conferencias misioneras, presentar videos, canciones y la gente se puede emocionar, pero la emoción dura una semana o un mes”, dijo Julio.
La transformación se hace cuando los hijos de Dios están dispuestos a sacrificarse y decir: “Señor heme aquí a cualquier hora, en cualquier parte”. “Creo que por ahí empieza esa transformación y que los pueblos no alcanzados pasen a ser algo importante”, dijo Julio.
Jesús vio a la multitud como ovejas que no tenían pastor, y tuvo compasión por ellos (Mateo 9.36). “Hay muchas personas que se irán a la cama esta noche que no tienen ni siquiera la idea de que existe un Dios que los ama y eso le importa a Dios, porque Dios amó al mundo”, dijo Julio.