
Un abrazo declara que tu presencia en mi vida es importante
La cercanía depende de la cultura, formas y contextos, pero la mirada también puede ser una forma de abrazar.

Sería impensable creer que en el mundo aún existen personas que no han oído de la Palabra de Dios. Sin embargo, es cierto y esas personas son importantes para nuestro Dios.
El Señor llama a Isaías y le pregunta: ¿A quién enviaré para alcanzar a estas personas? Y le responde: Heme aquí, envíame a mí. (Isaías 6:8).
“A Dios le importan las personas y a nosotros también deberían de importarnos, debemos de tener un corazón por quienes aún no han escuchado el Evangelio y buscar llegar a ellos”, Julio Moromisato, director ejecutivo de COMHINA (COMIBAM en EE. UU.).
Lo primero que debe caracterizar a la Iglesia es un corazón transformado por Dios, que sepan que su vida no les pertenece y estén dispuestos a aceptar el reto de ir a los no alcanzados.
“Mientras no entendamos Quién es Dios y quiénes somos nosotros, podemos hacer muchas conferencias misioneras, presentar videos, canciones y la gente se puede emocionar, pero la emoción dura una semana o un mes”, dijo Julio.
La transformación se hace cuando los hijos de Dios están dispuestos a sacrificarse y decir: “Señor heme aquí a cualquier hora, en cualquier parte”. “Creo que por ahí empieza esa transformación y que los pueblos no alcanzados pasen a ser algo importante”, dijo Julio.
Jesús vio a la multitud como ovejas que no tenían pastor, y tuvo compasión por ellos (Mateo 9.36). “Hay muchas personas que se irán a la cama esta noche que no tienen ni siquiera la idea de que existe un Dios que los ama y eso le importa a Dios, porque Dios amó al mundo”, dijo Julio.

La cercanía depende de la cultura, formas y contextos, pero la mirada también puede ser una forma de abrazar.

Venezuela, con una población total de 27.227.930, 724.592 son indígenas (2,8%) y pertenecen a 51 pueblos diferentes, concentrados en su mayoría (85%) en el estado Zulia y la Amazonía.

En una conferencia del ministerio Manarah se les explicó a los asistentes que “si querían saber de las mujeres musulmanas, no podían atreverse a hablar de ellas, o saber de ellas, si antes no estaban dispuestas a orar por ellas”.