Pastor, líderes, cuentan con ustedes
Cuando surge un candidato misionero, nuestro rol como Iglesia es el de animarlo, prepararlo y darle oportunidades para servir local y globalmente.
Los candidatos de hoy no solo quiere escuchar las necesidades y cifras de los no alcanzados, sino servir y ser parte de la solución. La clave es hacerles conocer las necesidades de las misiones y darles oportunidades para servir, dijo Mauricio Álvarez, sirviendo con Movilización Hispana (IMB).
Vivimos en tiempo extraordinarios donde Dios está levantando más y más candidatos misioneros, pero estos necesitan de mentores que los empoderen para el campo misionero.
Hoy en día, existen muchos recursos y oportunidades para prepararse, pero si no canalizamos todo su potencial en unos años nos faltará personal misionero, dijo Javier Zubieta, boliviano, misionero con SIM.
El rol de los pastores y líderes es de formar, motivar, aconsejar y cuidar de las ovejas.
Cuando un candidato es guiado y motivado, su vida impacta a otros, y busca agradar a Dios en todo, porque sabe que su pastor lo apoya. Como pastor, hay que usar las herramientas que Dios nos da y no cortarles las alas o tener miedo de perder un miembro porque eso solo los decepciona y frustra, dijo Corina Dávila, misionera con JuCUM.
Los líderes tienen un rol importante de discipulador. Las misiones no son para llaneros solitarios. Los misioneros no durarán en el campo sin el apoyo de sus iglesias y pastores, ellos cuentan con ustedes.
Un buen discipulador los ayuda a descubrir su llamado y el plan de Dios para sus vidas. Los discipula, enseñándoles y mostrándoles cómo vivir la vida cristiana al estilo y ejemplo de Jesús, Cynthia Sundman, asesora del área de jóvenes con SIM.
Caminar con los candidatos es parte íntegra del ministerio pastoral. Toma tiempo y es difícil a veces, pero vale la pena.
Para guiar a los candidatos necesitamos estar cerca de ellos. Cuando nos acercamos, tienen confianza, y libertad de expresar sus dudas, temores, preguntas y al mismo tiempo de decirte sus sueños, dijo Andrés Corrales, costarricense, misionero con SIM en Uruguay.
Estemos dispuestos a mentorear, discipular, pastorear con esta nueva generación de candidatos que Dios está levantando a lo largo del continente.
El nuevo obrero latino
¿Qué perfil de misionero se necesita hoy? En líneas generales, estas características y habilidades deberían estar presentes en nuestro candidato/misionero:
Aprende y usa el idioma local en donde sirve. Aprender bien un idioma no es solo cuestión de tiempo o de recursos financieros; es necesario dedicarse, convivir con los locales y ser disciplinado.
Conoce cómo manejar conflictos tanto con su equipo como con la gente local. Muchos obreros tienen problemas a la hora de manejar los conflictos con la gente local y los equipos multiculturales.
Se adapta a la cultura local y preguntar por lo que está haciendo mal. El misionero que le da prioridad a las relaciones puede cubrir multitud de pecados lingüísticos por el amor que demuestra por la gente.
Coopera y se somete al liderazgo nacional. Cuando se levantan líderes elegidos por Dios, el obrero debe someterse a ellos, sin temor a perder el status que ha adquirido en ese lugar.
Es un discípulo que hace discípulos. Hacer discípulos en otra cultura conlleva nuevos desafíos, inexistentes en la cultura del misionero, que se vuelven difíciles si no has sido y hecho discípulos antes.
Se convierte en un pastor de pastores, y siervo de siervos. Pastorear no es solamente enseñar, dar órdenes, ser obedecido; involucra, igualmente, aconsejar, dedicar tiempo y no por obligación.
Es interdependiente. Es decir, dependes de otros, tal y como otros pueden depender de ti. Le damos la impresión equivocada a la gente si nos portamos como si fuéramos autosuficientes.
Se enfoca en las relaciones personales. Necesitamos la ayuda de la gente, así como ellos necesitan la ayuda que les venimos a brindar de parte del Señor. Es el modelo de jesús.
Es resiliente. Es la resistencia del obrero a las dificultades en su ministerio y en su vida, en cuanto a sus pensamientos, actitudes, relaciones y, sobretodo, depende de su comunión con Dios.
Trata de ser invisible. Al estilo de Juan el Bautista: disminuir para que Cristo tomen su debido lugar (Jn. 3.30). En tiempos de mega-personalidades evangélicas, hacerse invisible es un desafío.
Levi de Carvalho, director del área de investigación de COMIBAM