No vemos el problema de salud emocional

No vemos el problema de salud emocional

¿Sabías que, según el estudio Cultura Juvenil Global, realizado por OneHope a adolescentes de 13 a 19 años en todo el mundo, el 35% informó haber tenido pensamientos suicidas en los últimos tres meses? Esta cifra alarmante nos indica la importancia de abordar esta problemática de manera efectiva y compasiva. Como parte de la iglesia del Señor, debemos asumir la tarea de amar, ayudar y discipular a nuestros adolescentes.

Para ayudarte a ser parte de la solución, te presentamos tres pasos claves que todo líder juvenil o pastor puede tomar para brindar apoyo a los adolescentes en crisis y a sus familias:

1. FAMILIARÍZATE: Reconoce y etiqueta los síntomas comunes de quienes luchan con pensamientos suicidas. Esto permitirá encontrar palabras para describir lo que ocurre, y entender lo que está sucediendo. Identificar la ideación suicida pasiva y activa es fundamental para ofrecer el apoyo adecuado. • La IDEACIÓN SUICIDA PASIVA implica pensamientos tales como: «Desearía no existir». «Qué bueno sería simplemente no despertar mañana». Estos pensamientos no contienen ningún plan activo para hacerse daño. Pero, necesita ser monitoreada porque puede convertirse fácilmente en ideación suicida activa. • La IDEACIÓN SUICIDA ACTIVA involucra pensamientos como: «Debería terminar con todo». «Simplemente debería caminar hacia el tráfico que se aproxima». Estos revelan que el adolescente ha pasado más tiempo meditando, no solo

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sobre morirse, sino también, sobre las posibles formas de morir, y debe tomarse muy en serio.

El acrónimo ELAI es útil para determinar si se está enfrentando a una ideación suicida activa o pasiva. ESPECIFICIDAD: ¿Existe un plan específico? LETALIDAD: ¿Qué tan letal es el plan? ACCESIBILIDAD: ¿El adolescente tiene acceso a los materiales necesarios para llevar a cabo su plan? INTENTOS PREVIOS: ¿El adolescente ha intentado suicidarse previamente?

La mejor manera de enterarse si el adolescente ha considerado el suicidio es simplemente preguntarle.

2. TOMA LA INICIATIVA: Los adolescentes en crisis necesitan que los adultos den el primer paso. A menudo, solo uno de cada cuatro adolescentes habla con sus padres o responsables sobre temas importantes. Haz preguntas basadas en observaciones; de esta manera, ayudas al adolescente a identificar sus propios síntomas de ansiedad o depresión. Ofrece empatía para abrir el diálogo y considera que las preocupaciones del joven son reales. Ayúdales a entenderse a sí mismos, brindándoles información que los anime a evaluar lo que están experimentando.

3. DESARROLLA RESILENCIA:

Padres, maestros y líderes pueden ayudar a reducir los riesgos de enfermedades mentales y guiar a los adolescentes hacia prácticas saludables. Fomenta la lectura de la Palabra de Dios y la participación en estudios bíblicos como herramientas para fortalecer la mente y el espíritu.

Puedes ayudarles a desafiar sus pensamientos; así orientarlos a ver el panorama general y dónde están atascados. Por último, si el adolescente ha aceptado que tiene dificultades, es aconsejable ponerlo en contacto con un consejero o un terapeuta.

“…animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos”. 1Tesalonicenses 5:14b NBLA

Revista VAMOS septiembre 2024

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