
Merecen tener la oportunidad de servir
Esta es la historia de Alicia, una niña con síndrome Down que ama a Dios y siempre inspira a los demás cuando canta en la iglesia.

Levanta una misión para tu iglesia: ¡Levanta un 1k de Amor!
El kilo de amor es una misión para la iglesia porque invita a los miembros, en capacidad de ayudar, a llevar 1 kilo de algún alimento no perecedero para los más necesitados, incluso lo puedes hacer para recolectar ropa. Estos alimentos pueden ser puestos en una caja o canasta, colocado en una parte de la iglesia visible y atractiva para crear impulso de participar. Asegúrate de colocar el nombre de “1 kilo de amor” en el recipiente y de tenerlo presente en las reuniones de la iglesia. Será importante explicar esta misión a la iglesia para su participación e incentivo. Recolectando cierta cantidad suficiente de alimentos, organiza la salida a donar y evangelizar a aquellas personas que en tu propia comunidad los necesiten. Ellos te lo agradecerán y estarás dando tanto alimento material como alimento espiritual.
Otra forma de servir a personas en necesidad es prepararles algo para comer. Reúnete con tu grupo de líderes, matrimonios, jóvenes o adolescentes y preparen un rico pancito con algún refresco o tal vez algún plato que sea fácil de preparar para compartir. Salgan a repartir a aquellas personas en la calle: niños, jóvenes y ancianos. Además de ello, asegúrate de brindar el contacto de tu propia iglesia o versículos de ánimo. ¡Invítale a la cena del Señor! ¡Todos estamos invitados!
“Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a pobres, mancos, cojos, ciegos, y serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos.” (Lucas 14:13-14).

Esta es la historia de Alicia, una niña con síndrome Down que ama a Dios y siempre inspira a los demás cuando canta en la iglesia.

Jesús dijo “vayan” muchas veces, pero solo una vez dijo “vayan pronto”.

Una silla de ruedas no puede limitar un corazón comprometido con la misión de Dios, dice Benito Toro, misionero y pastor puertorriqueño, quien lleva 15 años en