
Valora y acepta las diferencias
Es lógico que adaptarse a una nueva cultura sea difícil.

El primer año en el campo misionero es el año de “la prueba del llamado”, a pesar de que se viva esto cada día, es especialmente en el primer año donde vamos a ser sacudidos con lo que trajimos en nosotros desde nuestra nación y cultura, para que todo sea pasado por el colador del alfarero, formados conforme a su agrado, probados en el llamado que nos hizo para venir hasta aquí y si en verdad dijimos: "Señor, aquí estoy, envíame a mí", a sabiendas que esas palabras implicaban decir “Señor, aquí estoy, toma todo de mí y envíame”.
Es el dueño de ese llamado quien nos va a probar, en el carácter, nuestra renuncia y entrega de nuestra vida en sus manos, nuestras limitaciones, para entender que solo Él puede dirigirnos y proveernos de todo lo que necesitemos sea cual sea la circunstancia.
En verdad, lo primero que deberíamos buscar hacer o lograr en ese primer año es renunciar a nosotros mismos. Confiar en el dueño del llamado y de la obra que tenía preparada para que cumplamos Su plan y voluntad en medio de esa nación, pueblo o cultura: que le conozcan y adoren a Él. Que ellos sean Su pueblo y Él sea su Dios.
Algo muy importante en este proceso es poder aprender a ser como esos niños que se aproximaban a Jesús sea por curiosidad o no para verle y conocerle, o como María que contemplaba a Jesús sentada a sus pies mientras Él enseñaba a todos los que estaban en esa sala. Tener un corazón humilde de aprendiz.
Dedicarnos de manera responsable a escuchar, y conocer la cultura en la que Dios nos ponga, para llegar a comprender los niveles profundos de cosmovisión o creencias de ese pueblo.
Por último, ser moldeables como el barro en la mano del alfarero, a pesar de que cada movimiento que Él haga nos duela o nos incomode, que como vasija en sus manos quiere formar para darse a conocer en y por medio de esa vida a todo un pueblo, nación o una persona.
“Te envío a éstos para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados”. Hechos 26:17-18
Revista VAMOS diciembre 2024
Artículo 5 de 34 en esta edición

Es lógico que adaptarse a una nueva cultura sea difícil.

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