
La gracia hace la diferencia
Ahora todos hablan de cuidado integral; ha sido un boom en estos últimos 10 años en las misiones. Es bueno capacitarse, pero un buen cuidado va más allá.

Cinthia, guatemalteca, sirviendo en Macedonia del Norte con Águilas de Paz, nos comparte cómo el Señor le ha enseñado la importancia de poner en práctica el autocuidado en su vida personal.
Es uno de los temas más importantes dentro de las misiones y también es de los temas a los que menos importancia le damos los obreros.
En octubre del año pasado nuestra agencia misionera realizó un entrenamiento dirigido a sus obreros en el campo. En este entrenamiento pudimos recibir un curso llamado “Mayordomía de mi Alma”. Siendo sincera, jamás le había prestado atención ni importancia al autocuidado. Ahora me doy cuenta de lo mucho que necesitaba ponerlo en práctica.
Dios nos creó de una manera integral. Muchas veces no nos damos cuenta de cuán conectadas están cada una de las áreas con las que Él nos hizo, porque puedo estar bien en una de ellas, pero mal en otra y esto puede hacer crecer o afectar a otra.
Nárrenos una experiencia donde se vio en la necesidad de cuidarse a sí misma.
Al inicio de mi primer año en el campo misionero junto a mi esposo estábamos pasando por el choque transcultural y mis expectativas eran demasiado altas en cuanto a mi adaptación y en cuanto a las personas que dejé en Guatemala.
Yo estaba consciente de que la distancia, el cambio de horario y las ocupaciones iban a complicar la comunicación con mis seres queridos, pero no le di importancia a eso y en vez de prepararme mentalmente me conformé con saber que las cosas iban a cambiar, pero no me iban a afectar.
Efectivamente las cosas cambiaron y eso lo esperaba, lo que no esperaba era lo mucho que este cambio me iba a afectar a mí. Poco a poco empecé a sentirme triste y enojada. Mi esposo estaba ahí para apoyarme, pero yo no encontraba una razón por la cual me sentía así y no podía explicárselo. Después comencé a sentir un fuerte dolor en el pecho que me dificultaba respirar. Consulté a un médico que descartó que fuera algo cardiaco. El dolor se iba y regresaba, tomaba medicamento, pero
parecía no funcionar.
Dejé pasar mucho tiempo antes de prestarle atención a lo que sentía, no fue sino hasta que fuimos a una conferencia misionera en la que justamente se trató el tema de las emociones que pude conversar con la hermana que estaba a cargo del tema, quien, a través de su apoyo espiritual y emocional, me ayudó a identificar las emociones que yo misma estaba guardando y me estaban causando ese malestar físico. Después de desahogarme con ella, pude sentir cómo el Señor me quitó un peso de encima y el dolor desapareció.
¿En qué áreas usted se ha autocuidado?
a. Área espiritual: Una de las formas en las que yo cuido de mí misma es primeramente acercándome al Señor, a través de la oración, la lectura y la constante comunión con Él. Estando en comunión con Él es donde soy vulnerable y reconozco que sola no puedo con las cargas, presiones y dificultades personales, sumándole a esto, las cargas que conlleva el campo misionero. (Salmos 23)
b. Área emocional: Otra manera de cuidarme es poniéndole atención al área emocional porque generalmente ignoramos esta parte, creyendo que al ser yo un obrero en el campo, no me es permitido expresar que me siento triste, desanimada, frustrada, con miedo y agobiada.
Algo que me ha ayudado mucho en esta área ha sido tener a una persona de confianza, una consejera con quien pueda expresar mis emociones y de esa manera crecer en esa parte. (1 Tesalonicenses 5)

Ahora todos hablan de cuidado integral; ha sido un boom en estos últimos 10 años en las misiones. Es bueno capacitarse, pero un buen cuidado va más allá.

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Pasé varios momentos en los que me sentí sola, pero gracias a Dios siempre tuve amigos, tanto compañeros de ministerio como amigas locales; sin embargo, al pasa