La mayoría de los obreros salieron bajo las promesas de las palabras humanas, de la buena intención, del cariño, del afecto. “Te vamos a cuidar”. Entonces el alma se conecta mucho con las promesas que nos hicieron y el día que se pone.
Todo eso empieza a lastimar o atormentar y a doler. Nunca va a dar cuidado perfecto, puede dar un cuidado importante, un cuidado lindo, un cuidado máximo, pero no puede cuidar de modo perfecto.
El que cuida de modo perfecto es Dios. Es un asunto divino, ese cuidado perfecto.
No sabemos preparar la comida con Dios y estamos nutridos o somos débiles y dependemos de que alguien ore por nosotros. Alguien que nos predique. La madurez espiritual tiene como algo visible, hay un aprendizaje profundo de búsqueda de Dios, que no depende de la gente, eso habla mucho y eso trata.
Dios siempre nos da más que la gente. Muestra las áreas débiles de mi vida, eso es vida profunda con Dios.
El primer aprendizaje es no confiar en las personas, aunque sea papá y mamá. No, no estamos hablando de no amar. Estamos diciendo que ningún ser humano con pies en la tierra es ciento por ciento perfecto para cumplir todo lo que promete.
“Pero, me prometieron que me iban a cuidar.”
Es que confiaste en las personas más que en
Torre fuerte es el nombre del Señor; a ella corren los justos y se ponen a salvo.
Anclado en Él:
el que te llamó. Es una falsa confianza. Las personas somos lindas. Los padres prometen, pero mueren. No pueden cumplir. Una iglesia se divide.
¿Quién iba a pensar que de la noche a la mañana un país quedaría quebrado?
De un modo radical, de la noche a la mañana no había nada, no entraba una moneda y no salía una moneda del país (Argentina).
Por más de dos años, Dios hizo un despliegue de provisión que ningún ser humano pudo cumplir. Fue dramático. Ningún misionero volvió por falta de finanzas porque Dios hizo despliegue de poder.
Entonces el primer paso es no confiar en las
personas.
En este Dios que dice,
“puedes confiar en mí
porque no soy hombre
para mentir”.
Según hayamos anclado
nuestra fe será el impacto.
"En mis años de experiencia en el campo, me di cuenta de que el cuidado integral del misionero, como siempre, inicia con Dios proveyendo refugio y salvación. Aunque en momentos no haya nadie más, el Señor siempre está presente y siempre está obrando. Cristo y el Espíritu Santo interceden constantemente por nosotros."
Gio Pineda, director de la oficina de envío de SIM Latinoamerica
Claudia Bustamante, directora de RAIM