Mi rol como cuidador

Mi rol como cuidador

Muchas veces encontramos pensamientos equivocados dentro de las iglesias sobre el rol del cuidador, pensando que deben ser perfectos y que es su deber tener la solución para cada situación por la cual atraviesa el misionero.

Si fuese así el cuidador estaría ocupando el papel de Dios y sabemos muy bien que estamos lejos de tener la capacidad para desempeñar este papel.

Bajo mi perspectiva del cuidado integral, es primordial centrarse primeramente en la prevención, reforzando tanto lo positivo como lo saludable, sin dejar de lado el resolver problemas y hacer frente a las dificultades que se presentan.

Yo, como cuidador, no formo parte del problema ni la solución. Lo que sí puedo hacer es dar el acompañamiento para ayudar a resolver el problema, encontrar una respuesta o ayudar a afrontarlo.

Al mirar al misionero con los ojos de Jesús me ayuda a ver a la persona y no solamente el ministerio. Como cuidador, debo tomar en serio las preguntas, las dudas y los miedos del misionero y siempre dejarme guiar por el Espíritu Santo en mis palabras y acciones. Puede ser necesario ayudarle al misionero en fijarse nuevamente en Jesús, en su llamado y en sus verdades.

No olvidemos que el cuidador no juega el papel de recibir la insatisfacción y frustración del misionero sin filtro, o como coloquialmente se diría no es el «tacho de basura» que recibe todo lo feo y mucho menos es la persona que tiene la respuesta para todo.

Sin embargo, es muy importante que el cuidador cumpla ciertos requisitos para hacer un trabajo que realmente haga la diferencia:

1. El acompañamiento que da el cuidador al misionero es una vocación dada por Dios como cualquier otro llamado.

2. Construir una relación de confianza entre el cuidador y el misionero es un pilar importante del acompañamiento y el manejo de la información debe ser cuidadoso y confidencial.

3. El cuidador debe conocer sus propias capacidades y limitaciones al cuidar al misionero porque el acompañamiento puede causar cargas emocionales o crear dependencias.

4. El cuidador también debe ser acompañado por otros, por el bienestar integral de su misma persona.

5. El acompañamiento requiere de tiempo y dedicación, y el cuidador necesita estar consciente del tiempo que le va a requerir acompañar al misionero.

6. La compasión es una cualidad del carácter del cuidador que le permite identificarse con otras personas.

7. A veces no será posible que el cuidador visite al misionero en el campo para conocer su vida allá. Pero es indispensable que se dé a la tarea de estudiar la realidad cultural que vive el misionero en el campo donde trabaja.

8. Y, por último, el cuidador debe estar dispuesto a seguir aprendiendo. Hay que rodearse de personas con la misma pasión que compartan nuevas perspectivas y maneras de hacer las cosas.

Si ponemos énfasis y dedicación en nuestro rol como cuidadores, tendremos una influencia significativa en el bienestar del misionero y, por lo tanto, podremos ayudar a dar forma a su ministerio.

Anne Dörffel, misionera de SIM en el Perú, con el ministerio de cuidado integral

Revista VAMOS marzo 2025

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