
El carácter del siervo de Dios
El carácter del siervo de Dios se forma a lo largo de la vida cristiana, bajo la obra continua del Espíritu Santo.

He tenido el privilegio de acompañar a jóvenes valientes, con el deseo sincero de prepararse para servir en el campo transcultural. He podido ver cómo sus vidas son transformadas mientras atraviesan el proceso de formación, y me ha tocado ser parte de ese proceso, aportando desde mi lugar lo que está a mi alcance.
Uno de los aspectos que más valoro de ECAMM es su modelo itinerante. Cada ciclo combina dos meses de capacitación intensiva en una base misionera, seguidos por tres meses de inmersión práctica en el campo, dentro o fuera del país.
el Evangelio, iglesias naciendo y discípulos multiplicándose es la mayor recompensa de este camino de obediencia.
Después de casi dos décadas, seguimos convencidos de que la mies es mucha y que Dios sigue llamando. Agradecemos profundamente a todos los que han sido parte de esta historia: iglesias, familias, pastores, docentes, misioneros y amigos que han creído en la visión y juntos estamos cumpliendo la Comisión.
Esta dinámica permite aplicar lo aprendido de forma inmediata, y vivir la misión más allá del aula.
La convivencia en base misionera juega un papel clave en la formación del carácter. Allí se aprende a vivir en comunidad, a servir a los demás y a ser moldeado en lo cotidiano. La vida compartida enseña humildad, paciencia y compromiso real con la misión.
Estoy agradecido con Dios por esta etapa de servicio. Estos dos años no solo me han desafiado, sino que también me han afirmado en el llamado y me han enseñado que la misión no comienza cuando uno cruza fronteras, sino cuando uno se dispone a obedecer, a ser formado, y a servir desde donde está.

El carácter del siervo de Dios se forma a lo largo de la vida cristiana, bajo la obra continua del Espíritu Santo.

La misión cristiana no siempre ocurre en contextos receptivos ni con resultados visibles.

Hay una tendencia a complicar demasiado el liderazgo.