
Ver los muertos vivientes
Cuando miramos con los ojos de Dios, comenzamos a ver a quienes nos rodean en su verdadera necesidad espiritual.

Como obrero de campo, creo que los creyentes debemos considerar que, al involucrarnos en la batalla espiritual, tenemos limitaciones. Toda persona que entra en una batalla en el campo del enemigo debe entender que existe la posibilidad de experimentar heridas, trauma o aun la muerte en el campo de batalla. No podemos romantizar las realidades de la batalla en el campo misionero.
Creo que nuestra limitación en la batalla espiritual tiene que ver con la parte física y emocional de nuestras vidas. Aunque crezcamos mucho en nuestra vida espiritual, no dejaremos de ser mortales, y esto nos limita.
Aun el ángel enviado a Daniel necesitó la asistencia del arcángel Miguel al luchar contra el príncipe de Persia, enemigo de Dios que no lo dejaba pasar para llevar el mensaje que Dios le había dado a Daniel. Este pasaje me llama a ser consciente de la realidad y del calibre de esta batalla espiritual (Daniel 10).
Sí, contamos con armas para la batalla. Sí, contamos con la protección y ayuda de seres angelicales. Sí, contamos con la armadura de Dios. Sí, contamos con la presencia misma y el empoderamiento del Espíritu Santo que vive dentro de nosotros. Pero no somos seres totalmente espirituales, y por eso tenemos limitaciones.
El Nuevo Testamento nos enseña que la vida espiritual es para disfrutar de una relación de intimidad con Dios, para experimentar el verdadero crecimiento y transformación de los creyentes en
Precaución: no sobreestimes ni subestimes el poder demoníaco
la iglesia, para defendernos personalmente de los ataques del enemigo y permanecer firmes en la fe, para llevar el Evangelio con poder a los no creyentes y para adquirir la guía, sabiduría y visión de Dios al vivir y ser testigos fieles de Jesús en la tierra.
Con ese entendimiento servimos en el campo, pidiéndole a Dios que nos guie y orando por bendición para la gente con la que interactuamos: atamos al enemigo en el nombre de Jesús para poder compartir el Evangelio, que a través de nosotros muestre Su poder en sanidades, milagros y liberaciones. Y, como pueden ver, este tipo de ministerio que realizamos con muchos otros creyentes, nuevos obreros y visitantes es como ir a alborotar un avispero.
Aprendí que Dios siempre es fiel, que la batalla espiritual es real, que el ataque del enemigo fue duro y, aunque nos cubríamos constantemente en oración y con la armadura espiritual, fuimos heridos en la batalla y tuvimos que salir.
Otros de nuestros compañeros fueron heridos en la batalla espiritual de distintas formas, a veces no tan dramáticas y otras veces sí. La mayor parte de nuestro equipo y compañeros de servicio también tuvieron que salir.
Algunos de los creyentes dejaron la fe, otros perdieron seres amados, otros han seguido adelante y más personas han llegado a Cristo. De todo hay, pero aún son millones los que le necesitan en Asia.
Gio, director de SIM Latinoamérica

Cuando miramos con los ojos de Dios, comenzamos a ver a quienes nos rodean en su verdadera necesidad espiritual.

En las últimas décadas ha surgido una idea popular —aunque parece errónea— de que “atar y desatar” se refiere a “atar a los demonios.” Sin embargo, la evidencia

"¿Qué significa para nosotros atar y desatar? Atar es prohibir. Desatar es permitir.