Cultivar un corazón por los perdidos

Cultivar un corazón por los perdidos

7 pasos para despertar pasión por quienes aún no conocen a Cristo

1. Recuerda la urgencia.

Sin Cristo, las personas están espiritualmente perdidas. Los no creyentes no pueden creer si nadie les predica. (Romanos 10:14-15)

2. Abraza nuestro llamado.

Juan 20:21 dice que somos enviados. Todos somos parte de la Misión.

3. Arrepiéntete de la indiferencia o el temor.

¿Qué haces cuando ves a alguien diferente… puede ser un musulmán, alguien lleno de tatuajes y piercings, de otro color, muy pobre o muy rico? A veces hay miedo o juicio, pero no acción. Es fácil pensar que les falta esperanza. Pablo muestra emoción y pasión en Romanos 9.

4. Deja que Su amor se manifieste en ti.

“El amor de Cristo nos constriñe.” (2 Corintios 5:14 15). Mientras crecemos en la fe y conocemos Su corazón, oremos para que aumente este amor por Dios y por la gente.

5. Ora por una carga espiritual.

Sé honesto con Dios: “Aún no lo siento, pero quiero sentirlo.” Pide al Espíritu Santo que despierte urgencia, empatía y valentía en ti. Romanos 10:1 refleja la profunda carga de Pablo por los perdidos, mostrando cómo la intercesión nace de un deseo genuino de ver a otros experimentar la salvación en Cristo.

6. Pasa tiempo con los que no conocen a Cristo.

A veces evitamos a los no cristianos y pasamos todo nuestro tiempo con la iglesia. ¿Cuántos no creyentes te conocen bien? No se trata solo de campañas evangelísticas. Construir relaciones auténticas nos ayuda a ver a las personas no como proyectos, sino como individuos amados. Jesús modelaba cercanía con quienes necesitaban “al médico espiritual”.

7. Sé obediente en pasos pequeños.

Practica obediencia en lo cotidiano. “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Filipenses 2:13). Incluso los pasos pequeños de obediencia son obra de Dios en nosotros.

Cultivar un corazón por los perdidos no es un esfuerzo aislado, sino un estilo de vida que refleja el amor de Cristo en lo cotidiano. Que cada paso —desde la oración hasta la obediencia en lo pequeño— nos lleve a vivir con pasión y urgencia, recordando que Dios mismo produce en nosotros el querer y el hacer para que muchos más conozcan la esperanza en Jesús.

“No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”

Revista VAMOS septiembre 2026

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