
Años de servicio silencioso, hoy una iglesia viva
En 1998 en un lugar remoto del valle Ommo, en el Cuerno de África, un equipo médico y de traducción de SIM llevaba más de diez años sirviendo a una tribu nómada

En mis oraciones siempre pedía que la iglesia en Costa de Marfil se comprometiera más, que el Señor nos guiara a inspirar a los hermanos y que siguiera contagiando ese amor por los no alcanzados, por los necesitados del Evangelio.
Una de las primeras actividades que realizamos, con ayuda del presupuesto de la iglesia peruana, fue una campaña médica. Al presentar el proyecto al pastor, me sorprendió descubrir que la iglesia tenía entre sus miembros seis o siete médicos, e incluso un hermano que era presidente de los farmacéuticos del país. Esa noticia me llenó de gozo, porque la ayuda enviada desde Latinoamérica alcanzó para dos campañas: los médicos ofrecieron sus servicios gratuitamente y trajeron sus propios implementos. Ellos ya realizaban campañas en aldeas y lugares recónditos, pero nunca lo habían hecho en su propia iglesia.
La ciudad donde servíamos estaba llena de inmigrantes que venían de aldeas o de otros países, buscando oportunidades. Entre las calles y casas de cemento se formaban comunidades vulnerables, como pequeños guetos, con personas que necesitaban ser alcanzadas.
Me hice más activa en la iglesia y ofrecí mi casa para una célula. Allí tuve oportunidad de conversar con los miembros y conocer mejor el ministerio de evangelismo, que estaba a cargo de un pastor que trabajaba con universitarios junto a cuatro jóvenes.
Con mi colega Nicole, una misionera marfileña, orábamos para que la iglesia apoyara financieramente nuestro proyecto y también a misioneros salidos de la misma congregación.
Recordaba las oraciones en Perú, pidiendo que los pastores se involucraran y que las iglesias despertaran a la necesidad de sostener a los misioneros. Yo deseaba lo mismo para Costa de Marfil. En oración surgió la idea: ¿qué tal si promovemos una campaña evangelística en Navidad? La iglesia tenía un ministerio de alabanza precioso, y pensé en una cantata evangelística para alcanzar a los vecinos. Al principio compartí la idea con discreción, temiendo que sonara como crítica, pues yo era extranjera y miembro nuevo. El líder de evangelización escuchó con una sonrisa y dijo: “Buena idea, vamos a orar”. No hubo respuesta inmediata, así que seguí orando y confiando en el tiempo de Dios. De pronto, ¡BOOM!, me sorprendí al saber que los pastores se habían reunido y estaban de acuerdo. Involucraron al coro, al ministerio de alabanza, a mujeres, adolescentes y jóvenes. Se grabó un video de invitación y la gente se animó. El hermano encargado de evangelización reconoció que no tenía tiempo suficiente y propuso a Nicole como responsable de movilizar a la iglesia en un ministerio continuo de evangelismo. Así se visitaron colegios, hospitales, mercados y vecinos. Se realizó otra campaña médica y un concierto abierto de alabanza. Todo fue mucho más grande de lo que yo soñaba, pero el Señor lo hizo. Mi participación fue pequeña; Él encontró corazones dispuestos y llenos de energía. Me encantó la frase que los jóvenes pusieron en el video: “La iglesia sale de sus muros.”
Carmen Suarez, obrera de SIM, sirviendo en Costa de Marfil

En 1998 en un lugar remoto del valle Ommo, en el Cuerno de África, un equipo médico y de traducción de SIM llevaba más de diez años sirviendo a una tribu nómada

Hace 16 años llegamos a una comunidad levantada sobre un antiguo relleno sanitario.

A fines de los 90 y principios de los 2000, un fanzine llamado Crazy Head logró conectar con muchos jóvenes gracias a su lenguaje irreverente y sus temas tabú.